Raymond Brown: Mucho juego, pocas sonrisas

Raymond Brown: Mucho juego, pocas sonrisas
Capturando un rebote en León (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Raymond Brown no tuvo mucho bombo, pero fue uno de los americanos más rentables de la década de los 90 en España. Excepto en el Joventut (que ya estaba metido por entonces en una etapa de recesión), nunca jugó en un grande, aunque sí contribuyó decisivamente a que equipos que llegaban de la zona baja como León y Cáceres subiesen varios escalones de una vez. Durante cinco temporadas consecutivas su presencia individual significó un buen rendimiento global, que es lo que mejor puede decirse de un jugador.

Aparte de excelente jugador, era un tipo serio, seco, muy discreto, al menos con la prensa. Como ‘4’, era un seguro de vida. Se ponía en el poste bajo y, con depuradísimos movimientos, siempre conseguía un hueco para hacer canasta. Tampoco tenía mala mano desde 4-5 metros. Simplemente necesitaba a alguien al lado que le descargase de trabajo.

Su llegada fue una estupenda sorpresa para nuestra liga. Había jugado algunos partidos con los Utah Jazz, pero nadie le conocía cuando le fichó el OAR Ferrol en la 90-91. Luego, dos temporadas en León y otras dos en Cáceres. Y siempre con una regularidad pasmosa. Baste hablar de sus números en estos cinco años: sus puntos oscilaron entre los 17,6 y 15,6; sus rebotes, entre 9,1 y 6,4.

También tenía fama de buen profesional, aunque protagonizó un par de episodios nada agradables. En verano del 94, cuando se había comprometido para renovar en el Cáceres, firmó por el Reggio Calabria, pero se lo pensó dos veces y el club extremeño aceptó que regresase. Era demasiado fiable en la pista.

Su decadencia empezó en la 95-96, cuando el Joventut recurrió a él como temporero. Su juego perdió peso y sus números se desplomaron, quizás por la preocupación que le generó que un primo suyo cometiese un grave delito conduciendo un coche que estaba a su nombre, lo que le hizo regresar precipitadamente a Estados Unidos.

No pudo evitar el descenso del Fuenlabrada un año después, aunque sus números sí retomaron el pulso (16,6 y 6,5). Pero ya no volvería a jugar en España, repartiendo los años siguientes entre Italia y Argentina. En el Atenas de Córdoba, con 37 años en la 2000-01, anotó sus últimas canastas como profesional.

Me ha costado encontrar alguna referencia actual sobre él. No está en las redes sociales ni se ha escrito sobre él nada relacionado con algún homenaje en la universidad. Según me cuenta su ex compañero en Cáceres Rod Sellers, vive, al igual que él, en Atlanta (es su ciudad natal, dicho sea de paso), y regenta una empresa dedicada a la jardinería. “Hace unos meses que no hablo con él, pero está bien”, dice Sellers, que apunta que Brown “no es tan serio. Solo tienes que conocerle un poco”. Lástima que no hayamos podido conseguir una foto actual.