Anthony Bonner: ‘Personajazo’/ ‘jugadorazo’

Anthony Bonner: ‘Personajazo’/ ‘jugadorazo’
Finalista de la NBA con los Knicks.

Javier Ortiz Pérez

Competitividad y fiereza. Las dos palabras que distinguen a Anthony Bonner, tanto en su periplo en la NBA, en la que llegó a tener un papel, aunque secundario, en una final, como en España, donde conoció tres equipos (Baskonia, Breogán y Valladolid) en los que rindió a satisfacción.

Bonner era, desde luego, un americano muy superior a la media de los que suele verse por aquí, antes y ahora. Físicamente, un auténtico toro; técnicamente, no tanto, pero sí con recursos como para convertirse en el foco ofensivo de un equipo europeo.

No estamos hablando de un cualquiera, como indica su posición del ‘draft’, la 23, en 1990 a cargo de Sacramento Kings. Pero donde se le entendió mejor fue en los New York Knicks, a los que llegó en 1993. Formó parte como reserva de aquel equipo áspero dirigido por Pat Riley que se quedó bastante cerca de un anillo en 1995 ante Houston Rockets. Él cuadraba ahí con gente como John Starks o Anthony Mason. Inesperadamente, después de aquel somnoliento 4-3, no renovó en el Madison, viéndose reducido a hacer una sustitución en Bolonia. Acabó la temporada en Orlando, donde no encajó bien. Eso le encaminó definitivamente a Europa, cerrando así una etapa de 318 partidos NBA con 6,9 puntos y 5,4 rebotes en 23,2 minutos.

En América podía jugar de ‘3’ y de ‘4’. Aquí fue claramente un interior, pero le costó encontrar su juego, nada redondo ni en Turquía ni en Grecia. En septiembre de 1998, el Tau se cruzó en su camino (fue el sustituto del decepcionante Ben Davis) y el amor fue mutuo: 12,4 puntos, 8,1 rebotes y el título de Copa.

Sin embargo, algo había en él que no acababa de gustar a los clubs y tampoco renovó. Encontró acomodo en el Breogán, donde sí tuvo cierta continuidad y muchos más balones. En su segunda campaña llegó a los 16,1 puntos y se consolidó como una de las estrellas de la ACB, tanto por lo deportivo como por lo personal. En el programa Generación Plus solía ser protagonista por la presencia de su preparador personal ‘Piwi’.

La temporada 2002-03 la inició en el Unics Kazan ruso, pero el Forum Valladolid le reclamó para echar una decisiva mano en la permanencia formando una temible pareja con otro clásico, Amal McCaskill. Aquí Saúl Asensio, que por entonces trabajaba en el departamento de comunicación del club, cuenta unas cosas tremendas de ambos, sobre todo de Bonner, que al parecer ha domesticado considerablemente sus hábitos en los últimos años, como veremos ahora. Lectura obligada.

Fue su última temporada en Europa, aunque le quedarían otros tres años de basket en ligas latinoamericanas. Aguantó hasta los 38 años.

¿Y ahora? Slam le dedicó hace poco más de un año un interesante reportaje. Y el personaje queda a la altura de las expectativas, según se cuenta: en estos últimos años se ha dedicado a recorrer el mundo (Liberia, Siberia, Panamá, Israel, por poner algunos ejemplos) en una difusa misión que mezcla la propagación de la palabra de Cristo y los valores del baloncesto. Tiene su casa en Atlanta y ha escrito un libro en el que narra sus experiencias como jugador, maestro y entrenador. “Los jóvenes prefieren imitar a los mejores deportistas antes que explorar sus propias capacidades. He escrito el libro para recordar que ser un campeón es encontrar amor, diversión, paz y salud”, apunta.