Wayne Brabender: El español de Minnesota

Wayne Brabender: El español de Minnesota
En la Universidad de Minnesota Morris.

Javier Ortiz Pérez

Su presencia y la de Clifford Luyk como nacionalizados confirmaron la tremenda hegemonía que el Real Madrid ejerció durante más de dos décadas en el baloncesto español. Sí, se trataba de Wayne Brabender, el superlativo tirador que llegó desde Montevideo (¡en el estado de Minnesota, no la capital de Uruguay, eh!) para quedarse.

Como solía ocurrir, fue otro acierto de la pareja que formaban Raimundo Saporta en los despachos y Pedro Ferrándiz en los banquillos. Brabender, de apenas 21 años, había pasado por las universidades de Minnesota Morris y Wilmar y en 1967 llegó para, en teoría, coger un poco de experiencia e intentar el salto al profesionalismo en Estados Unidos. La decimocuarta ronda del ‘draft’ (puesto 145) en la que había sido elegido por Philadelphia Sixers se lo ponía difícil.

Sin embargo, aceptó el proceso de nacionalizarse, que se produjo muy rápido, en apenas un año. Eso sí, con algún que otro problema, porque en los primeros partidos sus cualidades no se manifestaron tan maravillosas como luego lo harían y recibió algunas críticas que luego se demostraron ridículas. Era Brabender un lanzador increíble, de los que, si hubiese existido la línea de triples por entonces, se hubiese ‘hinchado’ más todavía de lo que lo hizo. Fue un jugador fiable, de los que no fallaba en los grandes encuentros. Su gran baza técnica era un arrollador primer paso con dribling que le permitía ‘eliminar’ rivales. Pero no era unidimensional: podía defender muy bien y era generoso en el pase.

Al final no fue España una plataforma de lanzamiento, sino toda una vida: en el Real Madrid desde 1967 a 1983 (acabó en el Cajamadrid dos años en la recién estrenada Liga ACB) y en la propia selección nada menos que 190 veces. Su historial es tremendo: trece Ligas, siete Copas, cuatro Copas de Europa, tres Intercontinentales, un Mundial de Clubs, la plata del Europeo de 1973 en Barcelona… Su otro triunfo, ya fuera de la cancha, fue fundar una familia aquí tras casarse con una navarra, Mayte Pascual. Hasta transmitió su ADN de amor al baloncesto a su hijo David, que ya ha aparecido en esta página.

También hubo momentos difíciles, como la grave lesión que sufrió en 1969 y que le tuvo casi un año fuera de las canchas, o la desazón que le produjo que el Real Madrid renunciase a seguir contando con él en 1983 después de 16 años en sus filas. Pero nada que no pudiese superar una persona tenaz, exigente consigo misma, de los que el estrellato no se le subió en ningún momento a la cabeza.

Se retiró en 1985 tras las dos temporadas en Alcalá de Henares (tenía ya casi 40 años) y emprendió una carrera como entrenador que le otorgó menos éxitos. Primero colaboró en el cuerpo técnico de la selección y en sus categorías inferiores. Y después el Madrid le dio la oportunidad en una campaña muy complicada, la 90-91, que no llegó a terminar. El club todavía andaba deprimido con la muerte de Fernando Martín, acaecida unos meses antes, y pendiente de la adaptación del inmaduro Stanley Roberts.

Tampoco en el CB Canarias se asentó en la búsqueda del ascenso (91-92). Algo más de tiempo dispuso en el Forum Valladolid (desde 1994 a 1997), viviendo el momento especial de poder entrenar a David. A partir de entonces, solo se ha sentado en los banquillos a nivel profesional en el Illescas, ya en el 2004, y casi para hacer un favor.

Su actividad con la canasta se centra en la actualidad en la organización de campus y, en algo que hace con especial pasión, ofrecer charlas a niños por los colegios. A nivel personal, confieso que me resulta inolvidable su presencia en el mío a finales de los 80 para realizar una demostración de tiro. Y es que no todos los días una leyenda le habla con esa humanidad y esa sabiduría a chicos de diez años.

De lectura obligada, este artículo sobre Brabender en acb.com firmado por Antonio Rodríguez lo explica todo mucho mejor, con sus propias palabras.