John Blake: Otro enamorado de España

John Blake: Otro enamorado de España
En Badajoz (Foto: El Periódico Extremadura).

Javier Ortiz Pérez

John Blake: un excelente jugador ofensivo para las categorías federativas que también forma parte de la historia de la ACB al jugar un par de encuentros en la temporada 96-97, cuando fue reclamado desde el Murcia a su entonces equipo vinculado, el Archena.

Blake, un ‘4’ de 2,01, apenas tuvo relieve en aquellos dos encuentros, en los que totalizó 7 puntos y 5 rebotes en 20 minutos con malos porcentajes (2 de 7 en tiros de campo), pero fue un jugador muy útil más abajo, de los que resolvían.

De hecho, su carrera en España empezó en el anonimato, precisamente en Archena en Liga EBA, y fue cogiendo prestigio a base de encontrar y encontrar la canasta. También tendría temporadas de alrededor de 20 puntos de media en LEB en Badajoz (dos etapas) y el propio Murcia. También tuvo un papel en LEB-2 con el Guadalajara y el Caja Rioja, sus dos últimos equipos en la 2004-05 y 2005-06, ya bastante veterano. Aquí, su ficha FEB.

A nuestro cuestionario ha respondido con enorme entusiasmo, encantado de que le pregunten desde España. “¡Recuerdo todo sobre vuestro país! Fue la mejor época de mi vida. El baloncesto era mi vida y me sacó de las calles en Boston (su ciudad natal). Conocí a un montón de gente maravillosa a la que quise y que me recibieron con los brazos abiertos. Y también tuve compañeros que me ayudaron mucho a adaptarme al estilo de vida de España. Pero los aficionados… ¡me siguen emocionando! Me encantó ayudar a que sonriesen, quería que pasasen un buen rato viéndome jugar. Sabían que cuando venían a ver a mi equipo iban a ver el cien por cien de John Blake”, escribe.

No queda ahí la cosa. “Archena, Murcia y Badajoz están tatuadas en mi brazo por el baloncesto. También quiero dar las gracias a todo el mundo que contribuyó a mí éxito en España. Chicos, ¡nunca seréis olvidados! ¡no podéis ser olvidados!”.

Según cuenta, lo positivo de su experiencia no fue solo el juego. “Es algo que echo de menos: ir a colegios y hospitales a intentar ayudar fue estupendo. De donde yo vengo, a nadie le importas. La mayoría venden drogas, han pasado la mayor parte del tiempo en la cárcel o han matado a gente”.

Os preguntaréis qué tal le va la vida. Y es curioso y algo aterrador cómo se la gana. “Todavía me encanta el baloncesto, pero no juego mucho. Entreno a veces. Mi vida es trabajar y estar con mi mujer y mis hijas. Vivo en Portland y trabajo en el sistema de inmigración, donde tengo que hablar español ¡y negociar con miembros de bandas y cárteles latinoamericanos! Eso no es más fuerte que jugar baloncesto delante de 5.000 personas, pero es lo que quiero hacer. Del modo en el que crecí, es un trabajo perfecto para mí. Ayudar a alguien a tener una vida mejor no tiene precio”.