Randy White: : Del partidazo a la ruptura

Randy White: : Del partidazo a la ruptura
Reboteando en Dallas Mavericks.

Javier Ortiz Pérez

Nadie podía imaginarse en la primera jornada de la Liga 95-96 que el matrimonio entre Randy White y el Joventut acabaría de tan mala manera y apenas cinco meses después. Sí, los verdinegros habían perdido con cierta claridad, pero el norteamericano, uno de esos pívots tan maravillosos que aúnan fuerza y fundamentos, acababa de firmar una de las mejores actuaciones individuales de la historia de la competición: 47 puntos y 12 rebotes para un 60 de valoración. Casi nada.

La ‘Penya’ parecía haber acertado con el hombre que debía sacarla de una época oscura, en la que el presupuesto había bajado, pero todavía había buenos nacionales con los que rodear a algún extranjero que marcase la diferencia. Pero White era aficionado a terminar sembrando la decepción: en 1989 había sido elegido en la octava posición del ‘draft’ por los Mavericks, señalado como ‘el nuevo Karl Malone’, y en sus cinco temporadas en Dallas no había pasado de tener un papel bastante secundario (7,4 puntos y 4,9 rebotes en 19 minutos).

Su primera experiencia europea, en el Peristeri, se saldó con un rápido despido, aunque posteriormente en el Reggio Calabria lo hizo bastante bien. Con esa esperanza le contrató el Joventut, en el que fue claramente de más a menos, sazonando unas buenas estadísticas con problemas disciplinarios y serios encontronazos con el entrenador, Zoran Slavnic, otro con un temperamento volcánico.

Tras la jornada 25 (en la que logró un pírrico 3 de valoración frente a Unicaja) acumuló tres faltas graves (la última por decirle a Slavnic en un entrenamiento que el único problema que tenía era él) y su contrato fue rescindido. Sus 21 puntos y 9 rebotes de media no le sirvieron de nada. Y lo malo es que no terminó de aprender: su tónica siguió siendo la misma en grandes equipos europeos, como el Maccabi y el CSKA de Moscú, que le fichaban por su calidad, pensando que podían domar su difícil carácter, pero acaban abandonando. Su carrera acabó en Grecia en 1999 con la clásica sensación de que ahí había mucho más jugador si se hubiese centrado. Cualidades le sobraban.

Veamos cómo lo ve él, aunque ya se sabe que la memoria suele ser selectiva. Al menos, respondió rápida y amablemente al cuestionario. “Me lo pasé muy bien jugando para el Joventut. Tuve grandes compañeros, como Rafa (Jofresa), Tomás (Jofresa) y Jordi (Villacampa). Por cierto, ¿qué hacen ahora? Fue una gran experiencia en una liga estupenda”, recalca.

“Yo era un jugador muy productivo cuando estaba en buena forma y sin lesiones. Hice buenos partidos en la ACB. Recuerdo perfectamente el de los 47 puntos contra el Estudiantes y Keith Jennings”, añade.

Actualmente, vive en Dallas, donde cuenta que maneja negocios inmobiliarios después de haber tenido otros de automóviles. “Vendía coches de alta gama, pero eso me llevaba a estar mucho tiempo alejado de mi familia”, explica. Y es que tiene cinco hijos, algunos de los cuales practican deportes. “El mayor de 20 años juega al baloncesto y una chica de 18 va a entrar en el programa de voleibol de la universidad de Texas”, destaca con orgullo. “Me va bien la vida. Me siento bendecido por Dios”.