Casey Shaw: : Asesor financiero bajo aros

Casey Shaw: : Asesor financiero bajo aros
Falta sobre un rival con el Gran Canaria.

Javier Ortiz Pérez

Da gusto saber de ex jugadores a los que la vida les va, incluso, mejor que cuando estaban sobre las canchas. Puede ser el caso de Casey Shaw, pívot italo-norteamericano que militó en el Gran Canaria de la temporada 2005-06 (anteriormente en LEB, en el Melilla 2003-04). Es ‘wealth manager’ (que no sé si traducirlo como algo así como ‘asesor financiero’) en una gran empresa de Chicago llamada Balasa Dinverno Foltz. “Manejamos alrededor de 2,8 billones de dólares de alrededor de 850 clientes, a los que aconsejamos en distintas inversiones”, cuenta.

Eso sí, su trabajo también está relacionado con el deporte: “También dirijo nuestra división de ayuda a los deportistas profesionales. Nuestra misión es ayudar a la gente a tomar buenas decisiones que les permitan disfrutar de la vida. Es una gran diversión para mí afrontar esta misión todos los días”.

Shaw tuvo la clásica carrera bien aprovechada de norteamericano útil con pasaporte comunitario. Nacido en el baloncestístico estado de Indiana y formado en la Universidad de Toledo, fue segunda ronda del ‘draft’ de 1997 por los Philadelphia Sixers, con los que llegaría a jugar 9 partidos (y 14 minutos en total).

Era grande (2,08) y con cierto talento, así es que sitio en Europa iba a tener. En sus doce temporadas por aquí, casi siempre estuvo en Italia, revalorizándose cuando consiguió la nacionalidad. Melilla, Las Palmas de Gran Canaria, Letonia y Polonia fueron los únicos sitios fuera del país transalpino donde jugó.

“Yo la verdad es que me veo como un jugador complementario que podía ayudar como ‘pegamento’ del equipo. Me gustaba rebotear, defender, tirar ganchos en suspensión y protagonizar jugadas de astucia, pero pienso que lo más importante es tener jugadores en el vestuario que puedan unir a todos y cultivar una energía positiva y un espíritu duro”, explica sobre su estilo. De amarillo, ya superados los 30 años, promedió 4,2 puntos y 3,6 rebotes en 15 minutos, mientras que en Melilla, en LEB Oro, alcanzó los 8 y 5,4 en 26.

“Para un jugador, estar en España es un sueño. Obviamente, la gente es más fanática con el fútbol, pero también hay aficionados locos por el baloncesto y tener la oportunidad de jugar ante ellos es maravilloso”. Y algo en lo que coincide con muchos norteamericanos: la calidad de la comida. “¡Es que aquí no la tenemos tan buena. Ni tampoco en el resto de Europa!”, exclama.