Pablo Movilla: Basket-dependiente

Pablo Movilla: Basket-dependiente
La pasada temporada, en Alemania.

Javier Ortiz Pérez

A Pablo Movilla no le toco ni una coma de lo que me ha mandado. Crecido en la cantera del Unicaja, con el que llegó a debutar en la Liga Endesa, ahora ejemplifica al jugador español que se ha ido fuera a ganarse la vida. Lo cuenta con una especial gracia. Os dejo que disfrutéis (y mucho) con él. “Hola, me llamo Pablo Movilla Ramos, y soy basket-dependiente.

Actualmente milito en las filas del Tremblay Athletic Basket de NM2, en Francia. Llevo una vida sencilla, la de cualquier jugador en pretemporada, es decir, entrenar, comer y dormir (y así sucesivamente).

Ya hablando seriamente, la realidad es que este año me encuentro muy cómodo en mi nuevo equipo. Tremblay es una ciudad tranquila, y el ambiente del club es muy familiar. La mayoría de los jugadores y el cuerpo técnico se conocen y son casi todos bastante jóvenes (según como se mire), así que tienen una dinámica de grupo muy fácil. Eso, unido a que es mi segundo año fuera de España, y que sorprendentemente se me da bastante bien el francés, hace que mi adaptación esté siendo muy rápida.

La verdad es que si miro hacia atrás unos años, jamás hubiera pensado que acabaría en Francia o Alemania jugando. Pero la situación económica del baloncesto español no deja otra alternativa.

Aún así, España me ha dejado grandes recuerdos. He tenido todo tipo de experiencias, buenas y malas (y ojalá algún día pueda tener más de las primeras), pero sobre todo variadas.

Disfruté de una larga estancia en la cantera de Unicaja, donde aprendí muchísimo, y sobre todo me harté de escuchar esa frase que ahora les digo yo a los chavales del clínicas cada verano de “no sabes lo que tenéis aquí”. Algunos dicen que la mayoría de los jóvenes salen “verdes de fábrica”. Yo creo que la clave es esa, comprender que están verdes aún, y que necesitan aprender. Y, efectivamente, el ambiente de Los Guindos te permite aprender por encima de todo, algo que siempre agradeceré a los Tomés, Trujillos y Aurioles.

Y, por supuesto, que me permitieran debutar en ACB. Aunque fugazmente, ¡aquello es algo para contar a tus nietos cuando seas mayor! Jamás olvidaré ese año tan increíble como raro en el que empecé jugando en Primera Nacional y acabé jugando una prórroga en el Carpena a rebosar, en el que Don Sergio Scariolo no sólo mandaba salir a un chaval desconocido para la mayoría de la gente, sino que le ordenaba coger la bola y jugársela. GRA-CIAS.

He disfrutado de cómo el público de Cáceres me animaba cada semana reconociendo el trabajo diario, pese a que las cosas no fueron del todo bien por allí.

He tenido oportunidad de vivir un ascenso. No tengo palabras para describir eso. ¡Y con Rafa Sanz! Un tío al que puedes odiar y apreciar al mismo tiempo, pero que te hará mejor siempre. Increíble. Ourense siempre tendrá un espacio en mi corazón. Yo era de esos que nunca había ganado ni a las canicas, y esta ciudad me dio la oportunidad de creer que soy un gran jugador, y de que puedo hacer grandes cosas, de llorar de alegría.

Así que podría decir que tengo muy buenos recuerdos. Pero en mi opinión, son sólo eso, recuerdos. No creo que sea el mismo jugador, y no creo que sea la misma situación de aquellos años. Ahora es más difícil dedicarse a esto, aunque ese factor a mi me ha venido bien. Estos dos años fuera me han ayudado a tener más perspectiva de cara a la situación del baloncesto español y, por consecuencia, a madurar. Ahora soy el extranjero, ahora se me exige protagonismo, y me encuentro estupendamente con ese rol. Creo que soy un jugador más determinante que antes, y con las ideas más claras. Pero ese es un proceso por el que todo jugador debe pasar. Lo llaman experiencia...”.