Voise Winters: Sabio veterano

Voise Winters: Sabio veterano
Machacando con el Valvi Girona en 1987.

Javier Ortiz Pérez

En realidad hubo dos Voise Winters jugando en España. El primero fue un chico americano de 24 años que había incluso debutado en la NBA y que gustó mucho con sus mates en el Valvi Girona y el Monte Huelva en Primera B, en las temporadas 86-87 y 88-89. El segundo (tras un fracasado estreno periplo en el Breogán en la 91-92) se había convertido en un nacionalizado muy veterano pero muy útil que echó una mano admirablemente en Baskonia, Cáceres y Ourense, desde 1998 al 2001, siempre con contratos temporales.

Fue todo un ejemplo de longevidad, porque aquella última experiencia en Galicia rozaba los 40 años. “Tuve suerte con las lesiones y siempre supe conservarme muy bien, trabajar lo suficiente como para no tener problemas luego”, cuenta ahora. “Está claro que también supe evolucionar como jugador. Yo era un saltador y luego ya, al final, sabía cuándo tenía que saltar y cuándo no. Cogía bien la posición para los rebotes”, añade.

Winters es de Chicago y llegó a ser segunda ronda del ‘draft’ de 1985 elegido por los Sixers, que solo le dieron la oportunidad de jugar cuatro partidos al lado de Julius Erving, Moses Malone, Bob McAdoo y un joven Charles Barkley. Desde allí voló a Francia, que sería su lugar más habitual cuando no estaba en España. Como en tantas ocasiones, surgió el amor para cambiarlo todo: conoció a una médico española con la que se casó y eso le permitió jugar como nacional a partir de 1998, cuando ya era ‘perro viejo’ tras pasar por las ligas de Suiza, Turquía e Inglaterra (ojo que con 34 años fue ‘MVP’ y ganador del concurso de mates en este último sitio).

En Vitoria, siempre atentos al mercado, le incorporaron por sorpresa como antídoto a una plaga de lesiones y tuvo su papelito dando relevos interiores para ganar la Copa del Rey de 1999 ante el Caja San Fernando (3 puntos y 5 rebotes en 17 minutos). “Estuve muy bien en todos los sitios que conocí en España, pero ese es el mejor recuerdo”, apunta. No era un jugador muy alto para jugar de ‘4’ (dos metros pelados), pero sí muy fuerte y listo.

De Cáceres también guarda sensaciones especiales. Aparte de lo sucedido en la pista (“teníamos un entrenador llamado Luis –Casimiro—que era muy bueno”), como se fue convirtiendo en una persona muy interesada por la cultura de aquí, se hizo un habitual de uno de los mejores restaurantes del país, Atrio. “Es un sitio increíble. Una comida y un vino buenísimo. Lo echo de menos y tengo que volver. En los primeros años allí no quería comer cosas españolas, pero luego me di cuenta de que tenía que hacer todo lo contrario para disfrutar de la experiencia. Me interesé en aprender la lengua y en vivir como los españoles”, indica.

¿Y dónde anda ahora? Ha regresado a Inglaterra, donde su mujer ejerce la medicina. “Yo entreno a un equipo de chicos y también voy por los colegios dando cursos a los profesores para que ellos también puedan trabajar con los jóvenes. Ya sé que el baloncesto aquí no es muy profesional, pero estoy contento”, apostilla.