Bill Phillips: ‘Currante’ de Vitoria a Granada

Bill Phillips: ‘Currante’ de Vitoria a Granada
En el Tau 2002-03.

Javier Ortiz Pérez

Además de unos meses en Grecia, Bill Phillips repartió la temporada 2002-03 entre dos equipos ACB, el Granada y el Baskonia. Posteriormente también tendría etapas en LEB con el Lleida y el Breogán. Se trataba de un pívot de 2,08 bastante corpulento pero al que le gustaba salirse fuera a tirar. También era un notable defensor. Uno de sus grandes avales para hacer carrera fue su pasaporte francés.

No era tampoco una nacionalidad ‘regalada’. Phillips llevaba el baloncesto en la sangre porque su padre, norteamericano, y su madre, francesa, eran jugadores profesionales. Y vino al mundo en Niza.

Pese a ello, es cierto que se formó en Estados Unidos, principalmente en la Universidad de Saint Joseph’s. Tras hacer una liga de verano con los Heat, el resto de su trayectoria la pasó en Europa. Además de España, conoció Grecia, Francia, Italia y Alemania.

Llegó a la ACB después de ser cortado por el Maroussi. Fueron siete partidos en Vitoria en los que, curiosamente, anotó 20 de sus 42 puntos en uno de ellos. Su baza del tiro exterior no fue buena (0/9 en triples). Después de renovar algunos contratos temporales, acabó en Granada, donde dispuso de menos minutos (17 por los 20 que había tenido en el Tau). Promedió 6,1 puntos y 3,8 rebotes entre ambas experiencias.

“Recuerdo mi tiempo en España muy profundamente. Me encanta la vida y el trabajo que tengo ahora, pero haría cualquier cosa por volver y jugar allí. Fueron algunos de los mejores años de mi vida. Me encantó el desafío de jugar en la ACB y en la LEB Oro y realmente disfruté de la cultura española y de su gente”, escribe desde Estados Unidos.

Si se le pide una definición de sí mismo como jugador, se ve como “alguien no egoísta, que trabajaba duro, y alguien que hacía lo que fuese para que el equipo ganase. Desde luego, cuando te haces mayor eres cada vez más maduro, y deseas haber tenido toda esa sabiduría anteriormente, cuando eras joven, pero así es la vida”.

Su vida sigue vinculada al baloncesto. “Es estupenda. Tuve que dejar de jugar un poco antes de lo previsto por algunas lesiones, pero mi amor por este deporte nunca se fue, así es que… ¡soy enrenador! Ejerzo como asistente en la Universidad de James Madison, en Virgina (División I). Me encanta trabajar con chicos jóvenes y ayudarles a alcanzar sus sueños. Es un gran desafío, pero también algo que recompensa todos los días”.

Un último apunte: James Madison no es una universidad de gran prestigio baloncestístico (solamente un jugador en su historia ha acabado en la NBA, el histórico en nuestra liga Linton Townes), pero sí académico.