Borja Fernández: De pívot a pivote

Borja Fernández:  De pívot a pivote
En la época como jugador del CAI (Foto: El Periódico de Aragón).

Javier Ortiz Pérez

La historia no es en absoluto nueva, y por su propia naturaleza, tan curiosa, ha sido ya pasto del interés periodístico en varias ocasiones. Pero conviene recordarla porque puede que no todo el mundo conozca que un ex jugador de ACB se convirtió, con una transición muy rápida, en un balonmanista de élite. Se trata de Borja Fernández.

¿Quién es? Nacido en Asturias, destacó en la cantera del Joluvi Avilés, de donde le captó el Joventut tras ver un reportaje sobre él en Televisión Española. Con 13 años tenía ya un físico tremendo (medía 1,98), aunque había que pulirle técnicamente. Jugando en el filial de EBA dispuso de un partido con el primer equipo en la temporada 99-2000 y otros tres en la 2000-01, temporada en la que sería campeón de España junior.

Buscó protagonismo para progresar en la LEB, primero en Melilla, luego en Bilbao y por último en el CAI Zaragoza, con alguna etapa también en la Lega 2 italiana, donde le apodaron ‘El Hispano’. Con unas espectaculares rastas a cuestas, en ninguno de esos sitios superó los 15 minutos de promedio. Su progresión parecía algo estancada y no podía volver a la ACB porque nadie quería pagar los derechos de formación al Joventut. Y entonces, sucedió.

Era el año 2006. Estaba en Zaragoza y le invitaron a probar con el CAI Aragón, el equipo de la Liga Asobal con el que el club de basket compartía pabellón. “Lo pensé, me decidí, y desde entonces nunca me he arrepentido (…) Tomé la decisión acertada: cuando voy a entrenarme lo hago disfrutando; cuando lo hacía en el baloncesto, era para sufrir”, cuenta en As. En ese proceso fue importante cómo le convenció Valero Rivera, el mítico entrenador español que por entonces ejercía de director técnico en la capital del Ebro.

En una entrevista en el 2006, cuando apenas llevaba cinco meses jugando, explicaba las diferencias entre los dos deportes para él: “en balonmano puedo atizar mucho más”. Para él estaba reservado el puesto de pivote, el hombre que se pega con las defensas rivales para generar huecos, siempre pegado al área. Sus 2,06 imponen.

Su ascensión fue meteórica, convirtiéndose primero en un jugador importante en la competición nacional en la propia Zaragoza, Algeciras, Pontevedra y Torrevieja y después dando el salto fuera, a Francia, con el Nantes. Lo último sobre él es que, también de la mano de Rivera, se marchó a Qatar, donde había recibido la oferta en firme por tres años para nacionalizarse y jugar con la selección. Y parece haberle salido bien: el pasado mes de febrero se proclamó campeón de la Copa de Asia.

Hace un año volvió a Zaragoza, a saludar a viejos amigos. El CAI le dedicó un reportaje que se publicó en acb.com. “Venir a Zaragoza siempre me trae recuerdos muy buenos, tanto de la ciudad como de los aficionados. Es un placer revivir esta cancha”, destacaba.