Haris Mujezinovic: Un ‘4’ viajante y culto

Haris Mujezinovic: Un ‘4’ viajante y culto
Cibona.

Javier Ortiz Pérez

Muy pocos jugadores europeos han jugado en tantos países del continente distintos como Haris Mujezinovic, que a la vista de su currículum parece que fue eligiendo casa según iba tachando lugares del mapa. Y eso teniendo en cuenta que es bosnio y que se formó en Estados Unidos, en la mítica universidad de Indiana.

Por supuesto, también tuvo que tener un año español. Fue en el Pamesa Valencia de la temporada 2006-07, una experiencia que cuenta que le satisfizo en lo personal, pero no en lo profesional. 5,1 puntos y 1,8 rebotes fueron sus números en 18 minutos. No terminó la temporada. Le costó entenderse tanto con Ricard Casas como con Fotis Katsikaris.

Merece la pena repasar su camino. Antes de Valencia había pasado por Croacia (Sibenik y Cibona), Italia (Forli y Fortitudo), Suiza (Vacallo), Turquía (Konya y Galatasaray), Rusia (Dínamo de Moscú), Grecia (Panathinaikos) y Lituania (Lietuvos). Después, volvería a Grecia (Panionios) e Italia (Treviso) y conocería Ucrania (BC Kiev), Bulgaria (Academic de Sofía) y Chipre (Limassol). Hasta se atrevió en Líbano (Al-Ahli). Su último equipo registrado fue el Darussafaka turco, en la 2009-10.

“Mi carrera europea fue larga y con muchas paradas. Valencia fue una de ellas y merece ser recordada. Cuando miro atrás, hacia los sitios en los que he estado, no tengo más que recuerdos bonitos de Valencia, con su gente amable, una arquitectura hermosa, deliciosa comida y buenos amigos”, resume. Pero cuando se habla de baloncesto no hay tanto entusiasmo: “Perder o estar por debajo de donde se esperaba no le gusta a nadie. Es gran club con una tradición magnífica, pero en el equipo pudimos hacerlo mejor. Muchos jugadores buenos a nivel individual, pero no un buen equipo. Creo que nuestros aficionados merecían más”.

Eliminado en cuartos de final, el Pamesa fue séptimo aquella temporada, bastante por debajo de la expectativa actual del Valencia Basket, pero mejor de lo que lo venía haciendo. En los dos años anteriores ni se había metido en ‘playoff’.

No hemos hablado de él como jugador. Era un ‘4’ abierto, muy duro. Su mejor partido fue ante el Real Madrid, cuando clavó varios triples importantes. Aquellos 13 puntos fueron su máxima anotación en España. Con fama de tipo culto, a nivel personal dejó una buena impresión en el club.

“Me siento muy afortunado de haber tenido una carrera tan larga que me llevó a muchos sitios, pero lo más importante es haber tenido la oportunidad de desarrollar grandes amistades con gente a la que conocí gracias al deporte. Todo lo demás es secundario”, añade desde Bloomington (Indiana), adonde volvió tras su retirada y donde parece que deja pasar el tiempo con tranquilidad y en plan familiar. “Empleo la mayor parte de mi tiempo en disfrutar de mis tres hijos y de mi maravillosa esposa. A veces miramos las fotos de nuestras aventuras europeas, entre ellas la de Valencia”, termina.