Javier Gorroño: El tiempo cura la prematura retirada

Javier Gorroño: El tiempo cura la prematura retirada
Taponando (Foto: Basket16).

Javier Ortiz Pérez

El paso del tiempo ha acabado dulcificando la visión que sobre su propia carrera tiene Javier Gorroño. Resultó enormemente llamativo que, sin mediar lesión, tuviese que dejar el baloncesto por falta de ofertas cuando todavía no había cumplido los 25 años, en verano de 1993. Y no estamos hablando de uno más, no: había jugado cinco temporadas en ACB (138 partidos) con 6,3 puntos en 19 minutos como promedios.

¿Qué pasó? “Está claro que de un año a otro no se me olvidó jugar al baloncesto. Esa espina me queda clavada. El caso es que no tuve ninguna llamada mínimamente interesante y tuve que empezar a pensar en otras cosas. La explicación más sencilla que le puedo encontrar aquello es que a los clubs les dejaron de interesar jugadores como yo debido a la introducción del tercer extranjero, que fue en 1992”, apunta.

Gorroño es de Bilbao y fue una fortísima promesa a nivel nacional, jugando primero en los Salesianos de Deusto y más adelante en el Cajabilbao. En verano solía acudir a las convocatorias internacionales y siendo apenas un cadete se interesó por él el Real Madrid, pero su familia decidió que era demasiado joven para marchar a la capital.

Sí lo haría finalmente con apenas 17 años, aunque al Collado Villalba, la localidad que le cambiaría la vida. No sin superar antes un conflicto legal de por medio (por entonces los jugadores jóvenes no tenían tan fácil moverse de un club a otro), nuestro hombre se convirtió en un buen jugador de rotación en ACB. “Si destacaba por algo, era por el trabajo defensivo. Cogía al exterior más ofensivo del conjunto rival e intentaba que no lucieses. Eso desde luego conlleva un desgaste, pero yo lo asumía”, añade.

En el cuadro de la sierra madrileña disputó cuatro temporadas consecutivas (de la 87-88 a la 90-91). “Los resultados fueron buenos y llegamos a jugar competición europea. Aquel club tuvo mucho mérito porque era serio y cumplía. Solía acertar con los americanos y en cuanto a los nacionales éramos, con la ayuda de algún veterano, en general éramos un grupo de jóvenes con talento”, recuerda. Su última campaña fue la que se vivió bajo la tutela del Atlético de Madrid, con Walter Berry, Shelton Jones… y Jesús Gil. “Fue el peor año, aunque fuese en el que más se llamó la atención”, lamenta.

Después su carrera tuvo muy poco vuelo: la 91-91 en Primera B con el Melilla y la siguiente un puñado de partidos en la recta final liguera en el Festina Andorra, un fugaz regreso a la ACB. Fueron sus últimos encuentros oficiales antes de que el teléfono dejase de sonar.

Tras sacarse los cursos de entrenador y dirigir a grupos de chicos, su vida a nivel laboral está centrada desde hace 16 años en las instalaciones municipales deportivas de Collado Villalba, donde se asentó y consiguió una plaza. “Al final con lo que te tienes que quedar del baloncesto es con la cantidad de vivencias y amigos que haces. Cada vez que nos hemos vuelto a reunir lo hemos pasado fenomenal. Trabajos en algo que te gusta y tiendes a recordarlo con cariño”, apostilla.