Kevin Magee: Pérdida irreparable para el ‘caísmo’

Kevin Magee: Pérdida irreparable para el ‘caísmo’
Celebrando la Copa de 1983 (Foto: Nuevo Basket).

Javier Ortiz Pérez

El pasado 23 de octubre se cumplieron los diez años del fallecimiento de Kevin Magee. Conviene no olvidar nunca-nunca a aquellos que nos hicieron disfrutar en su momento, a los que nos enseñaron algo nuevo, a los que nos hicieron progresar. En nuestro baloncesto Magee solamente tuvo dos momentos muy concretos, pero el primero fue tan brillante que marca un antes y un después.

No hace falta explicar mucho a las nuevas generaciones sobre Magee. Seguro que a los jóvenes aficionados que no han dejado de surgir en Zaragoza en los últimos 25 años les han ido contando sus mayores quién era ese pívot tan fiero que fue clave para que el CAI ganase su primer título, la Copa del Rey de 1983.

No fue un triunfo cualquiera el conseguido aquella noche precisamente en Zaragoza, en el pabellón conocido popularmente como ‘El Huevo’, frente al Barcelona en la final. Durante décadas ningún club que no fuesen los azulgranas, el Real Madrid o el Joventut se había llevado uno de los dos títulos nacionales.

Aquel CAI liderado por José Luis Rubio en los despachos, León Najnudel en el banquillo y Magee en la cancha (excelentemente apoyado por un grupo de nacionales y su compatriota Jim Allen) rompió moldes.

Nuestro hombre, formado en California-Irvine, había sido escogido en el ‘draft’ de 1982 por Phoenix Suns (número 39), que le mandaron primero a Italia (14,8 rebotes de media para el ‘angelito’ en el Cagiva de Varese) y luego a España. Decisiva fue la intervención del agente que en aquel entonces estaba en todas las grandes negociaciones, Miguel Ángel Paniagua. Magee sustituyó a Harry Davis y le dio un espíritu bien distinto a los maños y acabó con un tópico por entonces: los grandes americanos solían preferir la liga transalpina porque tenía fama de poseer mayor nivel.

No era especialmente alto para jugar de pívot (2,02), pero utilizaba muy inteligentemente su cuerpo y tenía un tren inferior que era muy difícil de mover. Iba ‘culeando y culeando’ hasta que se ponía lo suficientemente cerca de canasta y anotaba. También tenía un aceptable lanzamiento de media distancia. Desde luego, los barcelonistas Mike Davis y Marcelous Starks sufrieron enormemente contra él. Su imagen aporreando el bombo del popular ‘Manolo’ es imborrable.

Aquellos meses (24,7 puntos y 10,5 rebotes en liga) le abrieron la puerta a un gran contrato en el Maccabi de Tel-Aviv, donde se convirtió también en un ídolo durante seis temporadas (seis ligas y cinco copas). Le faltó el premio de la Copa de Europa, quedándose cerca en al menos tres ‘finales a cuatro’.

A Zaragoza, donde había quedado en un altar eterno, regresó en la 90-91, pero, aunque los números fueron también impolutos (24,6 y 12,9), nada fue lo mismo, con la derrota en la polémica final de la Recopa ante el Paok como momento más triste. Había firmado dos años, pero no los cumplió y apuró su carrera europea entre Italia (Turín), Francia (París) y de nuevo Israel (Maccabi Rishon). Resulta increíble darse cuenta de que nunca jugaría en la NBA pese a su calidad. Y no vale la excusa de que era bajo para jugar de ‘4’, no.

Como estas muertes de ex jugadores que suceden en Estados Unidos (y más en el 2003) faltan detalles de qué ocurrió exactamente. Lo que se publicó fue que, cuando regresaba de su turno de noche en un almacén (¿por qué un jugador que ganó millones de dólares en su carrera necesitaba un trabajo así?), su coche se estrelló en Amite, en el estado de Lousiana. Dejaba mujer (Melanie) y tres hijos (Brandy, Jacob y Jeremy). Y otro montón de ‘huérfanos’ en Zaragoza entre quienes vivieron la gesta del 83 y quienes simplemente la escucharon de sus mayores y luego indagaron en Youtube para apreciarla.