Chris Hernández: Listo dentro y fuera

Chris Hernández: Listo dentro y fuera
Fuenlabrada.

Javier Ortiz Pérez

Un base dominante en LEB y complementario en ACB. Es lo que fue Chris Hernández en su paso por España. Llegó en el 2006 y no se marchó hasta el 2010, saltando de una categoría a otra con naturalidad, aunque papeles distintos.

Hernández tiene ascendencia mexicana y llegó a jugar con la selección de ese país, aunque su cultura es claramente norteamericana. Nació y creció en California. Y no solo eso: como tipo inteligente también fuera de la pista, estudió en la prestigiosa Stanford. Cuando terminó su periplo universitario fichó por el Granada en la actual Liga Endesa (2006) y adquirió más bien fama de base defensivo que no miraba mucho a canasta.

Esa percepción cambió en sus aventuras un peldaño más abajo, en Huelva, Valladolid y Burgos (en medio tuvo un contrato temporal en ACB en Fuenlabrada): vimos entonces a un director de juego mandón, que siempre superó los 10 puntos de promedio. Merecía la pena gastar una plaza de extracomunitario en él.

En Burgos tuvo un amarguísimo final de etapa en el 2010: jugando el tercer partido del definitivo ‘playoff’ de ascenso ante el Menorca se rompió el tendón de Aquiles y ya fue baja el resto de la serie, en la que se terminaron imponiendo los baleares. El Autocid, muy dependiente de su mando, le echó mucho de menos. Ya no volvería a jugar en España y las dos campañas siguientes las pasó en la liga mexicana (Halcones de Xalapa y Pioneros de Quintana Roo).

Se acaba de retirar hace un año y comparte algunas reflexiones con nosotros. “Mi primer año en Granada fue muy difícil porque estaba muy lejos de mi familia y mis amigos. No podía todavía hablar español y me debía adaptar a una nueva cultura, dentro y fuera de la cancha. Aún así, mis compañeros y el club fueron muy amables y me ayudaron en todo lo que necesitaba. Les estoy muy agradecido porque si ellos no podría haber sobrevivido”, recuerda.

De España dice haber aprendido que “se debe trabajar para vivir y no vivir para trabajar. La gente del país es muy acogedora y eso tuvo un efecto muy positivo en mí. Después de mis años allí, soy una persona más relajada y tengo más paciencia. Tengo que dar las gracias por esto”.

Él mismo se ve como “un jugador que siempre juega para el equipo, siempre”. “Hacía lo que el partido necesitaba. Si necesitábamos puntos, buscaba mi tiro. Y si se necesitaba crear juego, hacía más de base. Yo era el entrenador en la cancha y me gustaba hacer mejores a mis compañeros”.

Tras dejar las pistas, Hernández, cuyo cerebro no se reduce a la pista, no ha abandonado su formación. Actualmente está en la Universidad de Notre Dame estudiando un máster al tiempo que trabaja para IBM este verano. “En el futuro espero estar en una empresa de tecnología y/o atención médica”.