Valdemaras Homicius: Clásico lituano

Valdemaras Homicius: Clásico lituano
En la selección lituana en Barcelona-92.

Javier Ortiz Pérez

Muy legendario Valdemaras Homicius, ¿no? Uno de esos nombres fijos en la URSS de los 80 y la Lituania de los 90. La independencia de su país le pilló ya veterano, pero siguió aportando hasta muy mayor su saber estar y un tiro exterior mortífero que también disfrutamos en España, un país al que adora.

Homicius (preferible a ‘Chomicius’, otra transcripción que se le ha dado a su apellido) nació en Kaunas, lo cual ya significa casi hacerlo con una canasta tatuada en el corazón. También practicó fútbol, atletismo y boxeo, pero su destino estaba pintado en verde. Desde 1977 a 1989 jugó en el Zalgiris indistintamente como base y escolta. La batería de lanzadores (Serguei Iovaisha, Rimas Kurtinaitis y él) se beneficiaban de los huecos que generaba Arvydas Sabonis, con el que emprendió su primera aventura fuera de la Unión Soviética cuando las autoridades lo permitieron. Con la selección ‘bolchevique’ consiguió numerosas medallas, llamando la atención sobre todo la ‘triple corona’ Mundial-Juegos Olímpicos-Europeo, algo que pocos jugadores pueden acreditar.

Era 1989 y el baloncesto europeo se conmocionó con el fichaje de Sabonis por el Forum Valladolid. Su ‘acompañante’ para facilitar su adaptación fue Homicius, de carácter más fácil. Soplaban ya vientos de cambio en el ‘Telón de Acero’ y ambos declararon ya en España que no volverían a jugar para la URSS. Entonces no era tan fácil para ellos hacer este tipo de consideraciones: la independencia lituana todavía no se había asentado.

Su rendimiento en Pucela fue bastante bueno (20,2 puntos), pero no renovó. Ya se sabía que no iba a hacerlo prácticamente nada más llegar. El Forum buscaba a alguien más físico como Valery Tikonenko, cuyo fichaje para la siguiente temporada se conoció unos meses antes. De nada sirvió que, por ejemplo, un buen día le hiciese 41 puntos al Unicaja con 7/9 en triples.

Nuestro hombre se marchó a la Fortitudo de Bolonia, donde siguió a lo suyo (24,4). Pero no le era tan sencillo conseguir hueco en España: solamente se permitían dos extranjeros por equipo y la llamada ‘sentencia Bosman’ todavía no había empezado ni a escribirse. Haber nacido apenas tres o cuatro años después le hubiesen convertido en alguien muy valioso.

Ya tenía 33 años, pero su retirada de las pistas tardaría aún unos años en llegar aunque amagó varias veces con dejarlo. De hecho, alguna que otra vez esperó ofertas desde la casa que se compró en Torremolinos, llegando a jugar con el Marbella para mantener la forma en la temporada 94-95, en la primera edición de la Liga EBA. Todo un lujo: según cuentan, entrenaba a un gran nivel ante compañeros mucho más jóvenes.

Su último equipo fue el Ural Great en el 2001, ya con 41, al que empezó a entrenar justo después de colgar las botas. Los banquillos, sobre todo en la competición rusa y con la selección lituania, han sido su ocupación desde entonces.

“Para mí Lituania es mi país y España es el segundo. Es muy diferente en todas las regiones. Soy una persona del mundo, y me gustan todos los sitios, pero es mejor donde haya mar y agua”, le decía en un castellano aceptable a Karina Kvasnoiva en marca.com en el 2011. Sus visitas son todavía frecuentes, con el secreto deseo de entrenar algún día en una competición que no fue del todo justa con él.