Nebojsa Ilic: Mal, genial y mal

Nebojsa Ilic: Mal, genial y mal
En acción en su ‘temporada buena’ con el Cáceres (Foto: Gigantes

Javier Ortiz Pérez

Nebojsa Ilic vivió un apresurado romance con el baloncesto español, que disfrutó de su calidad durante apenas un año. Las lesiones, sobre todo en el pubis, condicionaron la carrera de uno de los mejores tiradores europeos de la década de los 90. En Cáceres dejó una profunda huella porque era además un tipo carismático, pero en realidad solamente estuvo a su nivel durante unos pocos meses en la temporada 93-94.

La historia de Ilic es la historia de tantos otros jugadores yugoslavos de su generación, como Toni Kukoc, Vlado Divac, Dino Radja, Sasha Djordjevic, Teoman Alibegovic… Aquel auténtico ‘dream team’ ganó a Estados Unidos en el Mundial junior de Bormio con un juego espectacular y efectivo en el que nuestro hombre era una afilada ametralladora. Quien dirigía aquel conjunto, ‘un tal’ Svetislav Pesic, le definió como “el mejor tirador que nunca he entrenado”.

La desemembración del país impidió verles mucho más tiempo juntos, lamentablemente. Ilic, criado en el Estrella Roja, se centró en enlazar recitales anotadores uno tras otro, como cuando le clavó 71 puntos a la Vojvodina. Cuando Manolo Flores llamó a su puerta en 1993 (con la liga yugoslava en el bolsillo y 34,3 de promedio) poco imaginaba que las sensaciones en Cáceres iban a ser tan ‘de dientes de sierra’.

Era la sexta jornada y el tipo no metía, afectado por unos supuestos problemas de adaptación. Los rumores de ‘corte’ se extendieron porque el equipo solamente había ganado un partido. Pero salvó su puesto en unos primorosos minutos finales en Girona y el equipo empezó una racha de ocho victorias consecutivas, casi siempre con él al mando de las operaciones.

En la octava jornada le hizo 39 puntos al Murcia, basado en sacar muchas faltas con una jugada en la que rivales y árbitros siempre picaban: se lanzaba contra los brazos del defensor sacando falta muy hábilmente. Y era rarísimo que fallase un tiro libre (terminó la temporada con un 90%). Desde luego, también era un triplista brutal (40%) y se le perdonaba que se despistase en defensa o, en una costumbre fea, se aficionase a escupir al parquet, pisando su propia saliva después.

El Cáceres culminó la que sería su mejor campaña en ACB (un quinto puesto que no superaría en las nueve campañas siguientes) y Nebojsa parecía feliz. Era un bromista nato que supo también meterse al público en el bolsillo con su cercanía y un aspecto peculiar.

Sin embargo, en la siguiente campaña todo se le torció: el pubis le empezó a dar problemas graves y primero fue el extranjero descartado para competición europea y después fue sustituido por Serguei Bazarevich en la segunda vuelta liguera. Había pasado de los 21,9 puntos de la primera campaña a los 10,6 de esta.

Tocaba volver al Estrella Roja, donde, aunque conservase la calidad, ya no volvería a ser el mismo. El físico es el físico. Dos temporadas después, con 29 años, se retiró, aunque el destino le dio la oportunidad de que en competición europea pudiese despedirse de la afición extremeña, que, pese a su comienzo y su final, no había dejado de querer a su calvo.

No se movió del club de Belgrado, del eterno rival del Partizán, donde ha ocupado el puesto de director deportivo. También ha ejercido como responsable y delegado de la selección serbia en varios torneos internacionales. Una lástima que sea tan reacio a las entrevistas.