Chema Fernández: El médico que juega con 51 años

Chema Fernández: El médico que juega con 51 años
Cromo con el Collado Villalba 84-85.

Javier Ortiz Pérez

Chema Fernández nos deja su autobiografía particular. Este pívot madrileño de 2,02 que en los 80 disputó la segunda y la tercera Liga ACB en Villalba y Cajamadrid (51 partidos, 2,8 puntos y 2,2 rebotes en 15 minutos) nos empieza sorprendiendo con una sorpresa: a sus 51 años continúa jugando. Y también entra dentro del privilegiado club de chicos que se dedicaron al baloncesto al tiempo que estudiaban una carrera tan exigente como la Medicina. El relato es de una gran sencillez y cercanía.

“Llevo vinculado al baloncesto desde los 10 años que empecé a jugar mini en el Canoe. He pasado como jugador por todas las categorías. Nunca me he llegado a retirar del todo. El año pasado, a mis 51 años, he jugado en la Primera autonómica madrileña, consiguiendo un meritorio ascenso a Primera Nacional.

Todos mis hijos, que son unos cuantos, juegan al baloncesto. Disfrutan de este deporte como lo sigo haciendo yo. Para nosotros es una forma de entender la vida y, al menos a título personal, de desarrollarse como persona en todas las facetas de la misma.

En la temporada 1984-85 el Club Baloncesto Villalba se inscribe en la liga ACB recogiendo los derechos del Atletico de Madrid, que había conseguido el ascenso, y a muchos de los jugadores que formábamos parte de dicho equipo. Fue un año duro pero muy intenso. Descendimos, pero sentamos los pilares de lo que fue este club en los años siguientes.

A título personal disfrute muchísimo de la experiencia. Jugaba de ‘4’. Si tuviera que destacar alguna faceta de mi juego sería la de conocerlo bien y conocer bien mis limitaciones. Aportaba lo que el equipo necesitaba, sobre todo en defensa.

La temporada siguiente fiché por Cajamadrid, también en ACB, donde estaría dos temporadas. Tuve la oportunidad de conocer un club mucho más profesionalizado. Volví a tener un rol de jugador útil al equipo, con más minutos de los que los entendidos me otorgaron a priori. Volvimos a descender. Quien lea esto me va a sacar la conclusión de que me había convertido en un especialista en descender equipos.

Mientras todo esto transcurría yo finalizaba mis estudios de Medicina. Aunque siempre tuve bastante claro que, más que un profesional del basket, era un amateur compensado, acabar la carrera y obtener mi plaza de residente fue lo que me “mató” como jugador. Ya no era compatible y había que elegir. Elegí la Medicina.

Lo mejor de estos años fueron sin duda las personas. No voy a referirme a nadie en concreto porque todos fueron muy grandes, desempeñaran el papel que fuera. Lo mejor es que a día de hoy mantengo relación con muchos de ellos y, con los que no la tengo, si tuviera la suerte de volver a verlos. Tengo la clara convicción de que sería igual, como si no hubiera transcurrido el tiempo”.