Walter Szczerbiak: Impronunciable y compulsivo anotador

Walter Szczerbiak: Impronunciable y compulsivo anotador
Intentando anotar con el Real Madrid.

Javier Ortiz Pérez

Walter Szczerbiak. Qué mito, ¿no? Conserva (y parece que será así ‘per secula seculorum’) la mejor marca de anotación en un partido de la máxima categoría del baloncesto español. 65 puntos le clavó al Breogán una buena mañana de domingo, el 8 de febrero de 1976. Ese dato resume lo fue en el baloncesto nacional: un jugador clave para el Real Madrid que impresionó por su capacidad para ver el aro con una clarividencia hasta entonces desconocida por aquí.

Sobre Walter (durante años fue conocido por su nombre de pila ante lo complicado de su apellido, cuya pronunciación simplificada sería ‘Serbiac’) se ha escrito todo o casi todo ya. La pieza más completa e inspirada seguramente sea la de Gonzalo Vázquez en acb.com y que podéis leer aquí. En ella se glosan las vicisitudes que dejó la huella de honestidad y educación en Madrid y que posteriormente trabajó bastante tiempo para la propia ACB como su representante en Estados Unidos.

La vida no se lo puso fácil a Wolodymir Szczerbiak, nacido en un campo de refugiados de Hamburgo de padres ucranianos que habían sido forzados a trabajar en Alemania en la Segunda Guerra Mundial. Afortunadamente, la familia consiguió emigrar a Estados Unidos en 1951, cuando él (uno de los seis hermanos) apenas tenía dos años.

En su país de adopción su vida parecía encaminada hacia el sacerdocio, pero el baloncesto pudo más. Su tiro a media distancia le valió el ingreso en la Universidad de George Washington, promediando en la última temporada, la 70-71, 22,8 puntos. Eso no le abrió las puertas de la NBA (número 54 del ‘draft’ por Phoenix Suns), pero sí de la ABA. En su llegada a España, en 1973, fue decisiva la información proporcionada por Víctor de la Serna, entonces corresponsal del diario ‘Informaciones’, al siempre avispado Pedro Ferrándiz. Le ‘ató’ con un contrato de cinco temporadas.

En su debut como blanco le clavó 47 puntos al Barcelona, un aviso de lo que ocurriría en los siguientes años, plagados de éxitos a nivel individual y colectivo. El día del Breogán, al parecer espoleado por las críticas que había recibido en un partido anterior, estuvo colosal: 25 de 27 en tiros de dos puntos (no hay que olvidar que entonces el triple no existía) y 15 de 17 en tiros libres.

Incluso en su etapa final en la Ciudad Deportiva supo reinventarse como inteligente defensor cuando ya únicamente jugaba la competición europea (entonces solamente se permitía un extranjero por equipo en la Liga Nacional). “Tuve la suerte de encontrarme con un equipo de ganadores natos. Encajamos a la perfección”, le soltó a Vázquez en el artículo de acb.com.

En su currículum hay cuatro Ligas, una Copa del Rey, tres Copas de Europa y tres Copas Intercontinentales. No se contabilizan muchas estadísticas de la época, pero parece que promedió 30,3 puntos en los 100 partidos ligueros que jugó de blanco. Además, tuvo otra temporada en España en la primera que contabiliza como ACB, la 83-84, cuando con el Cafisa Canarias siguió demostrando, pese a su veteranía, que lo suyo era disparar y acertar (23,7). Se reencontró allí con su querido Carmelo Cabrera, con el que tantas batallas había protagonizado en el Real Madrid. También con Luis María Prada y Randy Meister.

Creo que es un dato que todos más o menos ya manejamos: uno de sus hijos, Wally, nació en Madrid, y fue un sólido jugador de la NBA durante doce temporadas, llegando incluso a ser All Star en el 2001. Cómo no, su juego se basó en el lanzamiento exterior. Tenía a quien parecerse.

Hace no mucho, en Solobasket también se acordaban de Walter. No sabíamos mucho de él desde que quedó desvinculado de la ACB hace tres años. Ahora está jubilado y observa el tiempo pasar. “Estoy disfrutando mucho de la vida ahora. Tengo tiempo para interesarme por más cosas que antes, cuando tenía que estar pendiente del baloncesto casi 24 horas al dia. Estoy leyendo mucho, viendo mucho la tele, pasando muchos ratos con mi mujer y mi familia, paseando por el nuestro barrio, montando mi bicicleta, ayudando a mis hijos cuidando a mis nietos, viajando un poco, pasando ratos divertidos con amigos, trabajando en el gimnasio para mantener un poco a tono, etc. Gracias a Dios, mi salud está bien y me gusta mi rutina diaria”, le contaba al periodista Carlos Jiménez.

Walter Szczerbiak. Merece la pena aprender exactamente cómo se escribe porque hasta su llegada no se vio nada igual por aquí. Es uno de los grandes nombres del baloncesto en España antes del ‘boom’ de los 80. Y, según todos los que le conocen, un auténtico caballero.