Javier Álvarez: Un ingeniero en Ourense

Javier Álvarez: Un ingeniero en Ourense
En su época de junior con el Ourense.

Javier Ortiz Pérez

Javier Álvarez es quien nos ‘visita’ hoy, uno de esos jugadores ‘anónimos’ que forma parte de la historia de la ACB gracias a haber disputado un par de partidos con el Ourense en la 93-94. A ver qué nos cuenta este exterior de 1,97.

“Del baloncesto que me quedan los mejores recuerdos posibles. Dejé mi casa con dieciséis años y me trasladé a otra ciudad para ingresar en las categorías inferiores de un club ACB y jugar al deporte que me apasionaba, así que la ilusión era máxima. Allí me encontré con personas admirables a las que hoy en día aún tengo el privilegio de considerar amigos y viví experiencias que no hubiera podido vivir de otro modo, y que de alguna forma han definido quién soy actualmente. Puedo decir, con orgullo, que el baloncesto fue el catalizador de mi formación personal y académica.

Mi debut en la liga lo recuerdo con cierto sabor agridulce. Llevaba toda mi etapa junior enrolado en la dinámica del primer equipo, vistiéndome en los partidos e incluso viajando en los desplazamientos, así que fueron muchos encuentros esperando la oportunidad de saltar al campo. Cuándo por fin llegó fue en un partido sentenciado, en los minutos finales. Tan poco tiempo que apenas pude saborearlo. Me fui a casa algo frustrado, pero aun así contento, sabiendo que al día siguiente iba a presumir un montón delante de mis amigos.

Jugaba de escolta, tenía un tirito decente y piernas para defender. Yo estaba convencido que era de los buenos, pero supongo que fue debido a la auto condescendencia propia de mi edad y no a la realidad que veía el entrenador. Coincidí con grandes jugadores en mi puesto como Chandler Thompson, Juan Aísa o Javi Pérez, gente consagrada y con una calidad humana excepcional, a los que era complicado restar minutos. Recuerdo que al acabar los entrenamientos solía jugar un ‘uno contra uno’ contra ellos, con escaso éxito la mayoría de las veces…lo cual empezó a darme pistas de que quizás no era tan bueno como yo pensaba.

Dejé el baloncesto relativamente pronto para centrarme en mis estudios, pero el gusanillo seguía ahí y cuando finalicé volví a jugar, compaginándolo con el trabajo, en el equipo de mi ciudad. Actualmente vivo a caballo entre Vigo y Madrid, trabajando como ingeniero en una multinacional francesa constructora de automóviles, gestionando proyectos IT; lo cual me obliga pasar muchas horas subido al avión. El escaso tiempo libre que me queda lo consagro a mi familia, en especial a esos potenciales alero tirador y ‘4’ fajador que tengo como hijos, y a finalizar mis estudios de doctorado en el campo de la visualización de datos. Eso sí, la inquietud por el baloncesto no ha desaparecido y aún lo sigo con la misma pasión de siempre”.