Alberto Sanz: ‘El Chino’

Alberto Sanz: ‘El Chino’
Defendiendo a Albert Illa con el Bancobao Villalba (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

No lo neguemos: en todas las pandillas hay un componente al que llamamos ‘El Chino’ por sus rasgos aparentemente orientales, aunque sea tan español como tú mismo. En el baloncesto español de los 80 también lo hubo: se trataba de Alberto Sanz, un base bastante alto para la época (1,91) que tuvo mala suerte por un grave accidente de tráfico que sucedió en su mejor momento de su carrera.

A Sanz no le molesta que todos en el mundillo le conozcan como ‘El Chino’. “Qué va. Me encanta”, cuenta, con gran desparpajo, mientras disfruta de sus vacaciones en la Manga del Mar Menor. Se le intuye un tipo muy jovial, y eso que la vida no se lo ha puesto fácil en algunos momentos. Surgió del mismo colegio donde poco después lo haría Alberto Herreros, el Menesianos, situado en el madrileño Parque de las Avenidas.

Era un jugador que destacaba por sus cualidades especiales. “Prácticamente entre los jóvenes, el único base más alto que yo era José Antonio Montero”, apunta. Primero estuvo en el Inmobanco, luego en el Canoe y hasta tuvo una incursión en el OAR de Ferrol. Acabó llamando la atención del Real Madrid, con el que llegó a debutar en la Copa de Europa en Suiza.

Sin embargo, su estreno en la ACB no se produjo hasta la temporada 85-86, con el Estudiantes, donde consiguió un hueco con la ayuda de su amigo ‘Chinche’ Lafuente. Pero en dos años solo pudo jugar cinco encuentros por el grave accidente que incluso puso en peligro su carrera. En aquel momento se especulaba con que Sanz y otro joven como José Miguel Antúnez competirían por los minutos de base que dejaba Vicente Gil. A partir de entonces, el camino estuvo libre para Antúnez.

Tras varias complicadas operaciones, nuestro hombre consiguió regresar al baloncesto en la 87-88 con el Bancobao Collado Villalba, donde compartió posición con otro ex canterano madridista como Quique Ruiz Paz. En 1990 se marchó a Murcia, donde primero actuó como jugador y luego como segundo entrenador y delegado, pero una racha de lesiones en la plantilla le obligó en dos ocasiones a descolgar las botas y volver a jugar. En total fueron 88 encuentros ACB con 1,5 puntos en 11 minutos en pista.

Actualmente dirige una empresa de accesorios para coches de lujo (“ahí estamos, peleando con ello. No es un gran momento para el sector, pero seguimos”). Y además no ha perdido de vista el baloncesto. “Un grupo de jugadores veteranos formamos un equipo y hemos ganado seis veces la liga municipal de Las Rozas”, cuenta.