Claudi Martínez: La defensa como aval

Claudi Martínez: La defensa como aval
Celebrando la Liga 89-90 con el Barça (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Claudi Martínez perteneció a esa generación de jóvenes de la cantera del Barcelona que se hizo un hueco en la élite del baloncesto español de la mano de Aíto García Reneses a finales de los 80.

La principal característica de este jugador era su intensidad, sobre todo defensiva, compensando la falta de un buen tiro exterior. Con 2,00 podía defender a escoltas y aleros, pero también a ‘cuatros’ tiradores, como demostraría en su etapa en Girona.

Empezó a jugar porque, cuenta, “destacaba por mi altura y un grupo de padres del colegio San Jordi de Mollet decidieron crear un equipo de baloncesto para la nueva escuela”. Después de progresar en la cantera del Mollet y llegar a ser internacional cadete, en edad juvenil se incorporó a las categorías inferiores azulgranas.

Debutó en el primer equipo del Barcelona ante el CajaBilbao un 29 de octubre de 1989. Sólo fueron un par de minutos los que guarda el siguiente recuerdo: “fue algo muy rápido y no llegué ni a tirar”.

Después de una temporada donde ganó la Liga ACB ante el Joventut de Badalona y sufrir una dura derrota en la final de la Euroliga contra la Jugoplastika de Split, el jugador buscó nuevos horizontes en el Valvi Girona de Alfred Julbe.

En ese equipo coincidió de nuevo con Quim Costa, pero también con otros grandísimos jugadores, como Dusko Ivanovic, Josep Maria Margall y George Johnson. En la temporada 91-92 llegó Darryl Middleton.

Esas dos temporadas me permitieron crecer como jugador. Miguel López Abril tenía razón en lo que le había dicho: necesitaba salir del nido y ganar experiencia, “aunque yo en ese momento no lo viví así”. Era un equipo con jugadores con mucha experiencia, la mayoría estaba jugando sus últimos años en ACB. Eso justamente lo hacía especial: enseñaban, corregían y estimulaban. “Hasta el punto que en la primera temporada se llegó a plantear mi vuelta al Barcelona y en la segunda jugamos la Copa del Rey”, recuerda.

La temporada 92-93 fue de transición. Hubo cambio de jugadores y con ellos cambio de roles. Por último, su última temporada en ACB fue la temporada 93-94. “Fue muy dura para mí. Desde inicio de temporada conté poco en los planes de los entrenadores hasta el punto de estar meses sin jugar ni un minuto. Y, cosas del destino, al llegar la fase de descenso me volví a sentir jugador de baloncesto aportando mi trabajo a la salvación”, apunta.

Después salió por primera vez de Cataluña a jugar, en EBA, a Calpe y Gandía. Ya no regresaría a la máxima categoría nunca más, dejando sus números en 105 partidos con 2,3 puntos en 12 minutos. Su último equipo registrado a nivel profesional fue el Pineda de LEB en la 97-98. Era todavía joven (27 años), pero “vi claro que no volvería a jugar en ACB e intentar alargar mi vida deportiva no tenía sentido. Si quería seguir jugando como profesional tenía que volver a hacer las maletas y salir de Cataluña, una situación que no me estimulaba deportivamente ni económicamente”.

Así se veía a sí mismo como jugador: “trabajador e inteligente. Me gustaba trabajar la defensa y no me importaba sacrificarme por el equipo”.

En la actualidad, vive en Girona y se dedica a entrenar jugadores de base en el Club Esportiu Santa Eugenia, un club modesto, pero que “me ha permitido una experiencia muy gratificante: entrenar a mi hijo e hija en sus inicios como jugadores de baloncesto”, apostilla.