Vladimir Boisa: Dulce y amarga Menorca

Vladimir Boisa: Dulce y amarga Menorca
En el Olimpia de Ljubiana.

Javier Ortiz Pérez

No funcionó nada bien el matrimonio entre el Menorca Basquet y Vladimir Boisa, un jugador que llegaba con buen prestigio europeo a la isla en la temporada 2008-09. Georgiano y con pasaporte esloveno, había sido una pieza valiosa en equipos campeones como el Olimpia de Ljubiana y el Montepaschi Siena. Pero en Mahón no llegó a terminar la temporada y su caso ha traído cola posteriormente.

Vaya por delante que, a nivel personal, a Boisa le encantó España: “el clima, la ciudad, la isla entera, toda la gente que conocí, los momentos de calidad que pasé con mi familia… ¡Todo fue estupendo!”, cuenta.

Sin embargo, a nivel deportivo “a uno como atleta le gusta ganar, y fue muy estresante y difícil para mí porque no jugamos bien y perdimos muchos partidos seguidos. Era la primera vez en mi carrera que estaba en una situación así, jugando una vez por semana, y pasaron dos meses sin ganar. Fue deprimente”.

A raíz de su salida rumbo al KK Zadar Croata (grises medias de 4,2 puntos y 2,3 rebotes en 18 minutos) se produjo un conflicto del que a lo mejor tenéis noticia ya, pero en la que pocas veces se le ha escuchado a él. Esta es la oportunidad. “Fue uno de los momentos más amargos de mi carrera. Tuve dos juicios contra el Menorca reclamando que no me habían pagado mi contrato y el club fue sancionado a no poder fichar nuevos jugadores desde el entorno de la FIBA, pero la Federación Española les dio permiso para incorporar a los que habían estado allí la temporada anterior. Esta decisión fue una gran decepción para mí porque creí creo que la liga española es la mejor de Europa y el equipo nacional (y los resultados en Europeos y Mundiales lo confirman) es en mi opinión un buen ejemplo de lo que deben hacer otras competiciones”.

Boisa acaba de retirarse hace apenas dos años y se confiesa satisfecho de cómo ha transcurrido su carrera: “Soy afortunado porque en mi época no salían muchos jugadores desde Georgia y yo lo hice cuando tenía 17 años, teniendo la oportunidad de jugar fuera de allí. Fui incluso capitán de un equipo de la Euroliga como el Olimpia y he jugado en distintos países ganando campeonatos. Siempre me he visto como un jugador de equipo que no pensaba en las estadísticas personales. Y lo más importante es que siempre jugué con el corazón. Lo más importante para mí era que el equipo ganase, no mi actuación personal”.

Ahora es vicepresidente de la Federación Georgiana de Baloncesto. “Estoy contento de que mi vida todavía esté relacionada con nuestro deporte. Viajo mucho entre Tiblisi,donde está el trabajo, y Ljubiana, donde vive mi familia, así es que mi estilo de vida no ha variado mucho”, finaliza.