Nacho Rodríguez: Una leyenda moderna

Nacho Rodríguez: Una leyenda moderna
Unicaja (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Iban a ser diez minutos de conversación y al final fue media hora. Nacho Rodríguez sigue siendo un ‘basket lover’ desde su cargo de secretario general de Deportes de la Junta de Andalucía. Lo suyo a nivel numérico es un escándalo (20 temporadas seguidas en ACB, 737 partidos, 16.593 minutos, 4.891 puntos…), pero su legado va más allá: era uno de esos jugadores muy carismáticos con los que la afición iba a muerte. Y viceversa. Así ve su carrera alguien que se confiesa ‘fan’ de esta sección.

Los inicios. “Empecé a jugar al baloncesto en el Colegio San Estanislao, en el barrio de El Palo, en Málaga. Como empecé a destacar, vinieron a verme tanto el Caja de Ronda como el Maristas y finalmente me decidí por el Maristas, convencido por Pedro Ramírez, el que luego sería segundo de Javier Imbroda. Por entonces todavía no jugaba de base, sino que hacía un poco de todo”.

Mayoral Maristas (1987-92). “Entré como junior y el equipo subió a ACB esa temporada. Sin embargo, tuve mala suerte y al día siguiente de debutar me lesioné para seis meses. No he sido muy de problemas físicos, pero aquello fue un palo porque sentí que otro podría entrar en mi lugar y que mi futuro no estaba claro. Pero volví bien. Ya jugaba de base. Fueron unos años muy especiales. Mucha gente me sigue recordando el ambiente que había en Carranque. Era una gran familia, incluyendo los Smith”.

Unicaja (1992-98). “Mucha gente, sobre todo de Caja de Ronda, decía que no hacía falta la fusión con el Maristas, pero el tiempo acabó dando la razón para los que pensábamos que sí. Fue un paso decisivo para que el baloncesto malagueño creciese y después hubiese títulos. Mientras yo estuve no pudo ser, con el famoso triple de Ansley, que siempre recordaré porque estaba a la derecha y fui a por el rebote ofensivo cuando lo tiró. Si me hubiese quedado quieto me hubiese llegado el balón. De todos modos, estaba bien tirado. Mike era el santo que nos iluminaba. Perder aquella final fue una desilusión, pero a los tres o cuatro días nos dimos cuenta de que había sido muy grande estar a punto de romper el monopolio de Barcelona y Madrid”.

Barcelona (1998-04). “La gente no entendió que me fuese y me tildaron de pesetero. Para mí lo fácil hubiese sido quedarme. Unicaja me puso casi un cheque en blanco, pero yo les dije que necesitaba ir a otro club más grande para aspirar a títulos, algo que ellos no podían darme en aquel momento. Tres o cuatro años después sí, pero entonces no. En Barcelona me costó un poco al principio porque no conocía a nadie y el primer fin de semana estuve solo, preguntándome qué hacía allí. Después todo fue mejor y me adapté al papel de ayudar a los demás dando lo que se necesitaba. El año que ganamos el triplete, 2002-03, fue el que más he entrenado en mi vida, y nos dábamos mucho en los entrenamientos, pero fuera de la pista éramos muy amigos. Había un grupo de 8 o 9 jugadores que casi hacíamos vida en común. Es una de las claves para obtener éxitos”.

Alicante (2004-06), Menorca (2006-07) y Valladolid (2007-08). “No creo que me sobrasen los últimos años. Pude quedarme en Barcelona trabajando con la cantera, pero tenía ganas de seguir jugando y acepté ir a Alicante. Me encontraba bien y el primer año fue muy bueno y nos clasificamos para competición europea, jugando los ‘playoffs’. El segundo no tanto, pero logramos la permanencia cuando muchos nos daban ya por descendidos. En Menorca también nos salvamos y fue impresionante cómo lo celebró toda la isla. En Valladolid sí que no logramos los objetivos porque el vestuario quizás no estaba tan unido, pero siempre tuve la confianza de los entrenadores”.

La selección (125 veces internacional, plata en Francia-99 y Turquía-2001). “Cuando entré en 1995 cada uno iba por su lado y había alguno que me decía que no le apretase en los entrenamientos. En las cenas había tres mesas. Luego la cosa fue cambiando con la llegada de nueva gente y Pepe Sáez ha sabido crear el ambiente para que todos los jugadores se sientan cómodos. Ya en el 98 o el 99 se daba la situación de que los doce estábamos metidos en una habitación jugando a las cartas. Una cosa inimaginable poco tiempo antes. Aparte de la calidad de Pau, Navarro y compañía, ese proceso genera resultados”.

Vida actual como político. “Desde siempre le he dado mucha importancia a la formación porque sabía que el baloncesto tenía fecha de caducidad. En Barcelona hice la licenciatura en Educación Física y posteriormente un master en gestión deportiva. Cuando me retiré empecé en la gerencia de un municipio de Málaga y me llamaron de la Junta de Andalucía porque necesitaban a alguien de mi perfil. Me lo tomé en plan aprendizaje y ya llevo cinco años y medio. Estoy orgulloso de ello y de participar en proyecto distinto para salir de la crisis. Ahora no es fácil con los recortes, pero aprendes a priorizar cada euro”.