Fernando Conde: Dos equipos, dos partidos

Fernando Conde: Dos equipos, dos partidos
Con el Cuarte de Huerva, en Primera.

Javier Ortiz Pérez

Sobre Fernando Conde, lo primero que extraña es su lugar de nacimiento: París. Pero la explicación es bien sencilla: sus padres estuvieron trabajando en la capital de Francia durante años y allí es donde tuvieron al chico, que, pese a todo, se considera maño por los cuatro costados.

Conde perteneció a una generación brillante del Club Baloncesto Zaragoza, pero que tuvo la mala suerte de vivir la última etapa del club en la ACB antes de que se viese obligado a desprenderse de su plaza por motivos económicos, allá por mediados de los 90. Llegó a ser campeón de España infantil.

Nuestro hombre era el base, un jugador quizás bajito (1,82) de talento ofensivo y buen tiro exterior. En los estertores de lo que entonces se denominaba Amway Zaragoza cumplió el sueño de debutar. Fue de la mano de Alfred Julbe y de un modo inhabitual para un chico joven. “Fue en Vitoria a falta de dos minutos y con el marcador igualado”, dice. Efectivamente, los aragoneses acabaron venciendo por 81-84 y Conde disputó 2:07. “Días después me llevó convocado a la Copa del Rey y que aunque perdimos contra el Barcelona, fue una vivencia fabulosa”, recuerda.

Por desgracia para él, el baloncesto de élite se interrumpió en Zaragoza justo después. “Tuve que hacer las maletas rumbo a Algeciras”, apunta. Sin embargo, las puertas de la ACB volverían a abrirse para él en la temporada siguiente, la 97-98. Fichó por el Tau y lo hizo con ficha del filial, el Diputación de Álava, con la idea de ser el tercer base del primer equipo, “pero al poco tiempo de llegar ficharon a Elmer Bennet para sustituir a Tony Smith en liga, pero no en Europa ya que no se podía. El caso es que nos juntamos en la posición de bases Elmer Bennett, Tony Smith, Jordi Millera y yo… No hace falta que diga el poco protagonismo que tenía ni siquiera en los entrenamientos”. Sí llegó a jugar otro partido, esta vez ante el Forum Valladolid (1:26).

Decidió marcharse y buscar minutos en ciudades como Burgos, Lugo, Huesca… “y entre todas ellas dos operaciones de ligamentos en la rodilla. Así es la vida del deporte”. Tuvo que dejarlo y ahora es policía local. Vive en Cuarte de Huerva, municipio a 5 kilómetros de Zaragoza donde incluso la pasada temporada ha estado jugando “con amigos” en Nacional. Al mismo tiempo también entrenado a un equipo cadete femenino. “Somos un club en auge que lucha por quitarle poder al fútbol entre los niños, lo que se está consiguiendo”, asegura. Además, vive un momento feliz, ya que pronto será padre de su primer hijo, que se llamará Enzo.