Ken Bannister: Simplemente ‘Animal’ (ahora en Texas)

Ken Bannister: Simplemente ‘Animal’ (ahora en Texas)
Tau 93-94 (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Ken Bannister fue uno de los americanos más carismáticos entre los llegados en los 90 a España. Poseía esa fiereza y ese compromiso por su equipo que le hacía ser adorado por su afición y absolutamente odiado por la contraria. Jugaba duro, sí, y en ocasiones traspasaba la línea roja de la violencia, pero también era tremendamente competitivo en la búsqueda de la victoria. A su estilo contribuía un rostro peculiar que le daba un aspecto especialmente terrorífico.

Con razón siempre fue apodado en su carrera universitaria y NBA ‘Animal’. Nacido en Baltimore (es fácil imaginárselo en un capítulo de ‘The wire’), supuso un caso rarísimo: siendo elegido en la séptima ronda del ‘draft’ de 1984 (número 156, nada menos), consiguió jugar en los New York Knicks. Y no testimonialmente: promedió 18 y 20 minutos en sus dos campañas en el Madison. Años después tuvo una época menos lucida en los Clippers.

Tras rondar la CBA, la USBL y ligas como la canadiense y la israelí, a España lo trajo Manel Comas, siempre amante de los tipos contundentes ahí abajo. Fue una pieza importante en un Baskonia 93-94 que empezaba a oler los títulos, pero sin catarlos. Él cumplió con 16,2 puntos y 8,2 rebotes, pero la siguiente temporada el club prefirió a Kenny Green.

Después pasó al amparo de otro técnico de peso como Alfred Julbe en el Amway Zaragoza. Fue temporada y media con un rendimiento que fue descendiendo poco a poco. No terminó la 95-96 de rojillo al dar positivo por nandrolona, siendo sustituido por Larry Stewart.

Julbe le recuperó la siguiente campaña para una sustitución en el Joventut. Tampoco concluyó aquella campaña en un Fuenlabrada que descendería. Fue su última experiencia en España, totalizando 120 partidos y 14,6 puntos y 7,8 rebotes de promedio. De notable alto si no fuera porque de vez en cuando fue protagonista negativo de alguna acción antideportiva, incluso con sus propios compañeros. Pero tampoco faltaba quien decía que fuera de la pista se transformaba y que era un buen tipo.

Tenía 36 años y estuvo otros tres en activo entre Argentina y Brasil, donde por cierto coincidió con otro ídolo baskonista como Thiago Splitter, que por entonces era apenas un crío.

Durante años pareció desaparecer de la faz de la tierra. Incluso los Knicks le intentaron localizar para invitarle a uno de estos actos nostálgicos que tanto les gustan a los americanos, un homenaje a Pat Ewing, pero no hubo suerte. Ni rastro reciente de él en páginas de internet ni en redes sociales. La rumorología se empezaba a alimentar: con su carácter podía estar metido en cualquier lío. Os invito a releer un artículo en Solobasket de 2005 en el que se habla al detalle de su carrera y de lo extraña que era su ‘desaparición’.

Pero no. No sé cómo acabé dando con él. O más bien con su mujer, Pennie, con la que vive en Missouri City, una pequeña localidad de Texas. Me intercambié unos correos con ella en la que en principio parecían dispuestos a una entrevista, pero finalmente Ken prefirió que no fuese así. “Siempre fue reservado para la prensa”, me escribió Pennie.

No sabría decir a qué se dedica cumplidos ya los 54 y tampoco he conseguido que me envíen una foto reciente para que veamos cómo ha envejecido. De lo poco que he averiguado a nivel personal es que el matrimonio está muy ilusionado con su hija, que juega al voleibol en la universidad.

A Pennie le comenté que la puerta para que su marido responda a mis preguntas siempre estará abierta. Pero me da que el ‘Animal’ está muy a gusto en su ‘guarida’.