Ramón Goenechea: ‘Currante’ con el balón y los dientes

Ramón Goenechea: ‘Currante’ con el balón y los dientes
Portada en el Nuevo Basket número 11, diciembre de 1980.

Javier Ortiz Pérez

Ramón Goenechea es otro de esos jugadores que se desarrolló en la transición entre los 70 y los 80 y se retiró prematuramente, exigido laboralmente por una profesión como la de dentista. Era un base gaditano de la cantera del Real Madrid que llegó a disputar las dos primeras ligas ACB, la 83-84 con Estudiantes y la 84-85 con Collado Villalba. Pero mejor que nos lo cuente él directamente en otro de esos relatos deliciosos que traemos por aquí a menudo.

“Empecé jugando a los 8-9 años en el colegio Marianistas de Cádiz con Manolo Herruzo. Hicimos un muy buen equipo llegando al Campeonato de España de Minibasket. Fui seleccionado para el Jamboree Mundial de mini-basket. En ese equipo estaba mi hermano Juanmi, José Villagrán, Cecilio Rivas, Ildefonso… Con el equipo seguimos hasta que, con 16-17 años, jugamos en Sevilla el torneo juvenil Pedro Ferrándiz. Al día siguiente del torneo apareció en nuestra casa Ramón Guardiola, segundo entrenador del Real Madrid, para fichar a mi hermano Juanmi. Al año siguiente hice las pruebas con el junior de Madrid y también me ficharon. Ese año, 1977-1978, teníamos un equipazo: Fernando Romay, Juanma López Iturriaga, Nino Morales, Joseba Gaztañaga, Manolo de la Nuez… Ganamos el Campeonato de España en Mahón con el Barcelona en la final. Al año siguiente pasé al Tempus, filial del Madrid, donde tuve la suerte de tener como entrenador a Ángel Pardo, “Pitón”. El salto a Primera División lo di en el Inmobanco como filial del Madrid. A partir de ahí jugué 5 años en la máxima categoría con Inmobanco, Estudiantes y Collado Villalba.

Los mejores recuerdos de esa época... Los amigos, los años en la pensión del Real Madrid, las salidas por Madrid, años de la “movida”… Vivíamos rodeados de gente muy sana y en un ambiente sano. Tuve la suerte de vivir esos años donde encontré grandes amigos. Con Fernando Romay y Joseba Gaztañaga compartiendo pensión, cervezas, comidas, salidas, momentos buenos y regulares, cafés en casa de nuestra vecina Angelines… Lo pasamos muy bien.

No puedo decir que fuera difícil compaginar estudios con baloncesto. Evidentemente se hizo con esfuerzo, con gran esfuerzo. La fórmula era “no perder el tiempo”. No teníamos tiempo de perder el tiempo. No veíamos la televisión, no había Internet, no había móviles y no había mucho dinero, con lo cual no se perdía el tiempo. Estudié Medicina en la Facultad Autónoma de Madrid, donde el aprobado era muy caro. Mi padre siempre me recordó que lo primordial eran los estudios. Entonces respetábamos sobremanera la opinión de nuestros padres, aunque no habláramos a diario con ellos, ni tuviéramos móvil, ni dependiéramos económicamente de ellos. Yo estudié Medicina, Estomatología y Ortodoncia, en total diez años. El baloncesto no me dificultó los estudios.

Era un jugador currante, corría como el que más y defendía al límite. No tenía más remedio que hacer eso. Creo que salgo en las estadísticas de la ACB como el que tiene más promedio de faltas por partido. Ángel Pardo e Ignacio Pinedo fueron los entrenadores que me llevaron a Primera División y marcaron mucho mi manera de jugar. Los años de Inmobanco fueron fantásticos. Teníamos un equipo muy joven pero que no nos podían ganar fácilmente. Casi presionábamos en todo el campo desde el principio del partido, había constante contraataque y transición. Hacíamos un ritmo altísimo de juego. Hace poco estuve en Madrid con Alfonso del Corral porque operó a una de mis hijas y recordábamos esto: ¡qué manera de entrenar y de correr!

Desde 1987 trabajo en Jerez haciendo ortodoncia. De dentista hago lo mismo que hacía jugando: vuelvo a ser un currante. Cada día disfruto y me esfuerzo por hacer las cosas mejor. Y cada día me acuesto con la tranquilidad de haber hecho lo que debía. Sin lugar a dudas, el haber hecho deporte nos hace ver y entender nuestras profesiones de una manera diferente. La organización del grupo de trabajo es como un equipo, ahora soy yo el entrenador. Los momentos de cansancio, estrés y problemas se resuelven con el apoyo del equipo. Me van muy bien las cosas profesionalmente y, sin duda, el haber jugado a baloncesto me ha ayudado mucho en mi vida profesional”.