Quim Costa: Base defensivo por excelencia

Quim Costa: Base defensivo por excelencia
En la preparación del Mundobasket del 86 (Foto: Nuevo Basket).

Javier Ortiz Pérez

Seguro que uno de los mejores bases defensivos de la historia de la competición. Quim Costa era una lapa cruel que se pegaba al director de juego rival. Sus manos eran un molinillo constante en busca de la intercepción de la bola y salir corriendo. En ataque era más de penetrar, basado en su potente físico, que de tirar de lejos. Además, exhibía un profundo carácter competitivo que le llevó a ganar muchos títulos y a ser bastante habitual en la selección española de los 80 (71 partidos en la absoluta, disputando tres Europeos y un Mundial).

‘Quimet’ es de Badalona, cómo no, pero empezó a jugar en Llinars del Vallés, adonde su familia se había trasladado por motivos laborales. Cuando regresó, se enroló en el Círculo Católico (posteriormente Cotonificio), con el que debutó siendo muy joven en la Liga Nacional. Apenas tenía 17 años cuando ya jugaba contra los mejores, en 1974. Allí permaneció hasta la temporada 82-83, cuando vivió una primera etapa con el Barcelona. Ya había alcanzado por entonces la internacionalidad.

Sin embargo, le ocurrió lo mismo que su antecesor en el papel de segundo base, ‘Chichi’ Creus, y, a pesar de ganar la Liga y la Copa, prefirió marcharse buscando más minutos un año después. Lo hizo al Licor 43 de Santa Coloma de Gramanet, donde vivió un agudo contraste: de la histórica cuarta plaza en la 84-85 al descenso en la 85-86.

Vivió entonces un segundo intento como azulgrana que esta vez salió mejor, sobre todo a nivel individual. Con Aíto García Reneses en el banquillo el protagonismo estaba repartido más equilibradamente con Nacho Solozábal en la posición de base. Y siguieron cayendo los triunfos: cuatro ligas consecutivas, dos Copas, una Korac… Al igual que el resto de su generación, le quedó pendiente la Copa de Europa, llegando a jugar la final del 90.

Fue entonces cuando apuró sus dos últimos años en las pistas como timón del Valvi Girona (1990-92). Prácticamente sin transición, pasó a ser entonces ayudante de Aíto en el Barça y de hecho estuvo inscrito como primer entrenador porque su jefe quería eludir las ruedas de prensa, algo que posteriormente ha reconocido como un error.

Fue en Girona su primera experiencia como primer técnico (95-96), a la postre la única en la máxima categoría. En la siguiente protagonizó un hecho anecdótico e inédito en la historia reciente de la liga: mientras dirigía al Sant Josep en EBA echó una mano en la cancha durante dos partidos a un Joventut que tenía muchos problemas de lesiones. Estaba cerca de cumplir los 40 ya y eso elevó sus registros ACB a 316 encuentros (7,4 puntos en 26 minutos, además de 2,6 asistencias y 2,4 robos, una de sus especialidades). Mantiene el récord absoluto de asistencias en un encuentro con 18, la mayor parte de ellas a Dusko Ivanovic en un partido Valvi Girona-Oximesa de Granada.

Su trayectoria en los banquillos posteriormente se ha alternado entre ser ayudante de Aíto (de nuevo en el Barça y en el Unicaja, además de en la selección en Pekín-2008) y ejercer como primero en LEB (Huelva, Alicante y los dos últimos años y medio en Huesca). Hizo casi siempre buenos papeles y en las últimas semanas incluso se ha publicado que podría hacerse cargo de la Bruixa d’Or de Manresa la próxima campaña

Aquí hay una entrevista muy maja con él en la que habla un poco de todo esto. El mejor resumen es esta frase: “De ser un chico de Badalona que entrenaba dos o tres días a la semana en un campo de cemento a llegar a la Primera División, a un alto nivel, jugar competiciones europeas, Campeonatos del Mundo, de Europa… No pienso mucho, pero creo que ha estado muy bien”.