Manuel de la Nuez: Divertidísimo ‘Manoleti’

Manuel de la Nuez: Divertidísimo ‘Manoleti’
En el Real Madrid juvenil.

Javier Ortiz Pérez

Manuel de la Nuez nos ofrece uno de los relatos más amenos de los que hemos tenido aquí en estos dos años. No os perdáis detalle de cómo cuenta su pasado y su presente: los inicios en Italia, los años jugando en Madrid y alrededores, la difícil compatibilidad entre baloncesto y trabajo, su actual cargo importante en el mundo de la publicidad…

“Empecé al baloncesto por casualidad cuando vivía en Milán, Italia. Vivía al lado del Palalido, el pabellón donde jugaba el Olimpia Milano (por aquella época llamado Simmenthal, hoy es el EA7 Emporio Armani).

Nos cruzamos un día mis amigos y yo con Art Kenney, el americano del equipo, y decidimos meternos a minibasket. El año siguiente entré en las categorías inferiores del Simmenthal (pasó a llamares Innocenti), y jugué en ellas hasta 1975, año en el que regresé a España con mi familia. Al volver a España, probé en los juveniles del Real Madrid, pero el equipo estaba ya formado y me pasaron al Vallehermoso, donde estuve dos años, antes de fichar por el junior del Real Madrid, y quedar dos años consecutivos Campeón de España, con gente como Iturriaga, Romay, Gaztañaga, Nino Morales, Carlos Herreras, etc.

Ya de senior, mi primer año en Primera división fue en 1979-80 con el Tempus, un equipo de alguna manera filial del Madrid. Luego un par de años en Cajamadrid, ascendiendo a Primera, otro ascenso con el Atlético de Madrid, que ante la muerte de Vicente Calderón y la llegada a la presidencia de Alfonso Cabezas, deshizo la sección de basket, dando lugar a la aparición del Collado Villalba, en la temporada 84-85. Mis dos últimos años compitiendo fueron en Seguros caudal, primero en San Sebastián de los Reyes, y luego en Móstoles.

A pesar de que siempre he sido tremendamente competitivo y exigente conmigo mismo, siempre jugué a baloncesto por diversión. Desde muy joven, nunca pensé en llegar lejos, entre otras cosas, porque nunca pensé en poder vivir del baloncesto.

Pero el caso es que se me daba bien, incluso sin saberlo. Recuerdo un día en el que con menos de trece años, alguien dijo que no había visto nunca un jugador pasar tan bien como yo. Fue la primera vez que tuve conciencia de que podía destacar.

De ahí a llegar a ser internacional juvenil con Aito García Reneses de seleccionador. Como para mí el baloncesto era una forma de vida que complementaba a mis estudios y más tarde, mi trabajo, nunca consideré la posibilidad de ir a jugar fuera de Madrid. Por lo que se puede decir que, menos en Estudiantes, jugué en casi todos los equipos potentes de Madrid de esa época. La temporada de Villalba en ACB (84-85) fue un reflejo perfecto de ese espíritu "amateur".

Entrenábamos a las 21.00 en Villalba y teníamos un autobús que salía desde Moncloa a las 20.00 para llevarnos a todos. Yo ya había emprendido mi carrera profesional en el mundo de la publicidad, y para poder aguantar el ritmo y el esfuerzo de 8 horas diarias de trabajo, más tres de entrenamiento (entre físico y técnico) acababa durmiendo la media hora de trayecto desde Madrid a Villalba. Encima se jugaba liga también los miércoles, por lo que para mí era físicamente difícil poder estar a la altura. Pero, en esa época, el lado romántico y apasionado del baloncesto permitía luchar contra los profesionales de Real Madrid, Barcelona, etc.

Una anécdota divertida me pasó un miércoles. Jugábamos en Villalba a las 9 de la noche contra el Barcelona. Eran las 6 de la tarde y yo estaba en reunión de trabajo con unos clientes en mi agencia de publicidad. Obviamente, todos sabían que yo era jugador de baloncesto, pero a mí no me parecía serio interrumpir la reunión para decir que me tenía que ir a jugar un partido. Mi profesión era la de ejecutivo de una multinacional publicitaria. Mi sueldo salía de ahí, mientras que el baloncesto era casi por el amor al arte. En ACB, eso sí, pero por el amor al arte. El caso es que veía como pasaba la hora y me iba a perder el partido. Qué raro suena ahora, verdad? Hasta que uno de los clientes, se acordó del partido, y me preguntó: “oye, ¿pero tú no tienes partido?” Yo le dije que sí, pero que la reunión era más importante. Él dijo que ni hablar. Suspendió la reunión y decidió que todos los que estábamos fuéramos al partido. Lo divertido fue que luego no jugué ni un solo minuto!!!

Otra anécdota tiene que ver con un momento divertido pero difícil. Yo era el capitán del equipo, y encima de los pocos que hablaba bien inglés, por lo que me convertí en intérprete para los dos americanos. Un día, en el playoff de descenso contra Cajamadrid, el entrenador le dijo a Leonard Mitchell que no se cortara en tirar todos los balones que le llegaran, hasta que le sangraran los dedos de la mano. Yo decidí no traducir literalmente, porque me parecía que el pobre Leonard iba a flipar con lo de los dedos sangrando, pero finalmente, al ver que no había entendido bien el mensaje, le cogí aparte y le expliqué exactamente lo que el entrenador quería que le dijera. Recuerdo su mirada diciendo que el tipo había enloquecido, pero el caso es que empezó a meter una tras otra y se ganó ese partido, aunque luego se perdió el playoff y el equipo descendió.

Lo que más me gratificaba era hacer jugar bien a los demás. Era un jugador muy poco dotado físicamente, pero con cierta clase, mucha visión de juego, gran pasador y, sobre todo, mucho liderazgo.

Aprendí a jugar en la escuela italiana, mucho más pausada y estática que la española. Para los italianos, el perfil de base español típico, Vicente Ramos, Carmelo Cabrera, Corbalán, etc era demasiado alocado y descontrolado (“playmaker casino”, lo llamaban, que traducido significa “base liante”). Mi ideal era Pierluigi Marzorati, incluso Ossola, los bases que llevaron a Cantú y Varese al éxito en Europa. Entre mi estilo italiano, y lo mal que hablaba español en esa época, acabé por convertirme en "Manoleti" (entre “Manolo el espagueti” y “Manolo Marzorati”). De ahí a que todos los del baloncesto me conozcan por “Manoleti de la Nuez”.

Mi estilo de juego cerebral y organizador no encajó demasiado con el que triunfó por esa época, con bases potentes y muy físicos como Corbalán y JL Llorente como máxima expresión. Con un poco más constancia y suerte, habría podido destacar más de la misma manera que lo hizo después un tipo de jugador como Nacho Solozábal. La mala suerte hizo además que el año del Villalba me lesionara gravemente el tobillo y perdiera la mitad de la temporada.

¿Y ahora? Hice la carrera de Ciencias de la Información, rama Publicidad, y desde 1983 trabajo en agencias de publicidad de primer nivel. En mi actual agencia, SCPF, somos los responsables de las campañas de BMW ("Te gusta conducir"), Ikea ("Bienvenido a la república independiente de tu casa"), Banco de Sabadell, San Miguel, Evax… Yo soy el CEO de la compañía en España (Chief Executive Officer) desde 2005.

Me entusiasma mi trabajo, no solo porque me apasiona la comunicación, sino porque , sobre todo, tengo la suerte de trabajar al lado de enormes talentos creativos. Una vez más, tal y como pasaba cuando jugaba al baloncesto, lo que más me gratifica es dirigir al equipo y hacer jugar bien a los demás, es decir, ayudar a los creativos a producir las mejores campañas de comunicación. En SCPF están algunos de los mejores profesionales del sector. Como anécdota, uno de ellos fue Risto Mejide, actual personaje mediático que trabajó con nosotros hasta 2009, antes de emprender su carrera televisiva. Recuerdo que Don Raimundo Saporta me dijo un día que llegaría a ser un gran directivo del baloncesto español. Se equivocó en lo de trabajar en el baloncesto, pero acertó en lo del directivo”.