Guillermo Hernangómez: Padre y maestro de Willy

Guillermo Hernangómez: Padre y maestro de Willy
Willy y Guillermo Hernangómez (Foto: Gigantes.com).

Javier Ortiz Pérez

Me facilita mucho el trabajo a la hora de escribir sobre Guillermo Hernangómez esta entrevista que le sacó Gigantes.com cuando su hijo Willy (la pasada campaña cedido en el Cajasol por el Real Madrid) ya empezaba a eclosionar como uno de los grandes pívots de futuro del basket nacional.

Hernangómez padre fue un interior honesto, aunque con menos cualidades físicas (2,03 por 2,08) y técnicas que su vástago, que además añade en su ADN el componente de que su madre es una de las mejores jugadoras de la historia del basket español, Margarita ‘Wonny’ Geuer (167 veces internacional, oro en el Europeo de Perugia en el 93).

Nuestro hombre se formó en las categorías inferiores del Real Madrid y llegó a ser internacional junior y a debutar con el primer equipo, aunque cuando todavía no se había fundado la ACB. En la nueva liga su única experiencia es la temporada 87-88 con el Estudiantes, donde ejerció de reserva de John Pinone y Pedro Rodríguez (2,6 puntos y 2,3 rebotes en 13 minutos). También estuvo en Primera B en Bosco La Coruña (83-84 y 86-87), Guadalajara (84-85), Cajamadrid (89-90), Azuqueca (90-91) y Bansander (92-93).

En la entrevista reseñada, comenta que la vida del jugador “ahora es más fácil por los fisios y el equipo médico. El entrenamiento es como una carrera de estudios. Hay más gente que se ocupa del jugador y el jugador se preocupa más de sí mismo. Antes todo era más amateur. Ahora no me imagino que un jugador profesional viaje desde Madrid hasta el Ferrol en bus”.

Según comenta, “creo que el deporte está más profesionalizado y por muy bien que se lleven unos compañeros, a la hora de la verdad estarás tú o yo. Eso en un momento dado crea una tensión. No ha cambiado que lo mejor del baloncesto sean los propios compañeros. Oigo de boca de mi propio hijo que los compañeros se llevan muy bien. Yo, por ejemplo, conservo muy buenos amigos que fueron compañeros entonces”.

Y es que el consejo que le da a su hijo es “que trabaje, que trabaje y que trabaje y que no deje para mañana lo que pueda hacer hoy. Esto es un futuro trabajo que le gusta. Le digo que tenga los pies en el suelo porque cualquier lesión te pone al final de la cola. Uno puede tener buena proyección, pero una lesión… ¡Adiós la luz! En ese caso, si dejase el baloncesto, tendría que coger algo. Le conocerían porque es un ex jugador y le contratarían por amistad o por pena, sobre todo viendo cómo están los trabajos hoy en día. Por eso es vital estudiar para depender de uno mismo y no de la situación general”.