Ion Rementería: El estudiantil de Elgoíbar

Ion Rementería: El estudiantil de Elgoíbar
Intentando anotar con el Estudiantes (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Todo un clásico de los 80 en el Estudiantes Ion Imanol Rementería, uno de esos pívots nacionales que se sacaba de la chistera el club para complementar a John Pinone y permitir utilizar la otra plaza de extranjero en David Russell o Ricky Winslow. De esa estirpe fue en su momento Pedro Rodríguez o Héctor Perotas y posteriormente Juan Orenga o Alfonso Reyes, por dar solamente cuatro nombres. En el Ramiro sí había la osadía de darle minutos a interiores españoles. Y no le fue del todo mal por ello.

La historia de Rementería en su boca. No faltan curiosidades: “Nací en Elgoíbar, un pueblo de Guipúzcoa. Viví allí hasta los 13 años. Ya jugaba al baloncesto por entonces, al igual que a otros deportes como el fútbol, el balonmano y por supuesto la pelota, como todos allí. Cuando estaba en la Universidad Laboral de Eibar me llamaron para una ‘operación altura’ en la que debí destacar, porque me mandaron a otra más a nivel nacional. Parece que Clifford Luyk se fijó en mí y vino al pueblo a hacerme una prueba. El revuelo que se montó fue enorme. La prueba consistió en coger un balón y estar un rato jugando. Me fichó el Real Madrid”.

En el club blanco estuvo desde los 14 años (cuando medía más o menos 1,96) a los 19, llegando incluso a debutar con el primer equipo. No creció mucho más (está en 2,02) y no pudo consolidarse, por lo que en 1983, coincidiendo con la fundación de la Liga ACB, fichó por el Estudiantes, donde estuvo seis temporadas en el rol antes comentado. Luego, otras tres en Villalba, para totalizar 194 partidos y 3,4 puntos y 2,1 rebotes en 14 minutos.

Con apenas 30 años, tras pasar por Primera (Las Rozas) y Segunda (Canoe), optó por retirarse. “Había tenido bastantes lesiones. Tres operaciones serias en las rodillas. Como vi que no había posibilidades de volver otra vez al máximo nivel, pensé que era mejor dejarlo”, explica. Se autodefine con una asombrosa frialdad que roza la autocrítica: “No destacaba en nada. Era relativamente rápido, relativamente hábil para mi altura. Pero no especialmente bueno en nada. En aquel entonces, los nacionales ayudábamos en lo que podíamos. Pese a todo, es un recuerdo que me agrada y más ahora, con la distancia”.

En estos 20 años ha estado poco ligado al baloncesto, aunque ha continuado en Madrid con alguna pequeña etapa en Bilbao y en Murcia. Cuando todavía jugaba empezó a estudiar Informática, lo que le abrió las puertas de su siguiente etapa laboral. “Empecé a trabajar para una empresa que hacía traducciones técnicas, sobre todo de ‘software’. Me ayudó el dominio que tenía de inglés y de euskera, pero yo no hacía las traducciones, sino que ponía la parte técnica. Ahora estoy en otra empresa similar, que es una multinacional, RR Donnelley Global Translation Services”, apostilla.