Fernando Ovelleiro: Detectar lo que hace falta

Fernando Ovelleiro: Detectar lo que hace falta
Con el Tenerife.

Javier Ortiz Pérez

Fernando Ovelleiro se autodefine de una forma muy brillante: “Al principio de las temporadas siempre llegaba a los equipos como pívot de complemento, sin mucho protagonismo en teoría. A medida que transcurría el año iba detectando qué se necesitaba, y yo acababa dándolo y jugando incluso algunos partidos como titular”.

Estamos ante un interior de 2,06 de la cantera del Club Baloncesto Valladolid, con el que debutó en la máxima categoría en la campaña 94-95. En realidad, fueron los debuts. “El primero, en la fase previa de la Copa del Rey contra el OAR Ferrol. Salí y enfrente estaba Anicet Lavodrama, que daba miedo. El segundo, en un partido de Liga contra el Barcelona que nos ganó Montero con un triple en el último segundo”.

En Pucela no encontró sitio en la rotación y tras una temporada ‘de transición’ en la LEB en Tenerife, inició, como tantos otros en aquella época, la aventura portuguesa. A Ovelleiro le fue realmente bien y durante cuatro temporadas se mostró como un jugador competitivo y se sintió feliz siendo protagonista. “Busqué proyectos cada vez mejores”, resume. El mejor fichaje lo hizo fuera de la cancha, ya que conoció a su mujer allí.

Sus buenas actuaciones en la liga lusa le sirvieron para regresar a la actualmente denominada Liga Endesa en la campaña 2000-01 con el Breogán. “Me fichó Paco García y en la primera vuelta no jugué absolutamente nada. Recuerdo haber tenido una conversación con él en la que le pregunté insistentemente qué quería de mí. Y al final conseguí jugar más. Me viene a la mente con especial cariño un partido en el Palacio de los Deportes ante el Real Madrid en el que fui titular y acabé siendo eliminado por faltas”, apunta. Luchador y orientado hacia la defensa, fue desarrollando un tiro peligroso con los años.

Pese a que solo acumuló 29 minutos en toda la campaña en Lugo, la siguiente temporada García también se lo llevó con él, a Tenerife, en LEB. “Fue un año maravilloso. Todo el mundo tenía claro lo que tenía que hacer y nos llevábamos genial. Subimos. Pensé que iba a quedarme en ACB, y me dijeron que contaban conmigo, pero pasó el tiempo y en verano me di cuenta de que el contrato todavía no estaba firmado. Me tuve que buscar un sitio en el Valls, en LEB-2, y volví a subir…”, explica.

Pero esa experiencia le hizo replantearse muchas cosas. Era todavía joven, pero priorizó su formación y futuro profesional (terminó Empresariales) y no se movió de la EBA y de lugares cercanos a Valladolid, como Palencia, Zamora o Salamanca. Consiguió trabajo en una empresa dedicada al equipamiento integral de instalaciones deportivas y hospitales y llegó a ser su director comercial, pero recientemente ha cerrado. “Ahora estoy intentando reinventarme, como siempre”, apostilla. Seguro que detecta lo que hace falta y lo termina aportando.