Jordi Puig: Polifacético en Girona

Jordi Puig: Polifacético en Girona
En Girona como jugador.

Javier Ortiz Pérez

Lo primero y quizás fundamental sobre Jordi Puig: no hay que confundirle con el otro Jordi Puig, también base catalán, aunque más ‘ochentero’ y del que ya hablamos aquí en su momento. “Nos han mezclado más de una vez, sí, aunque él es anterior a mí”, bromea nuestro protagonista de hoy, que también era otro modelo de director de juego, aunque solo fuese por las circunstancias físicas (1,82 él por 1,95 su ‘tocayo’).

Estamos ante un jugador criado en la cantera del Club Baloncesto Girona, donde disputó cinco temporadas distintas (de la 88-89 a la 92-93), totalizando exactamente cien partidos en la ACB. Bonita cifra en la que promedió 2,3 puntos en 15 minutos. Seguro que aprendió mucho de un entrenador como Alfred Julbe y excelentes compañeros de posición como Sergi López, Ferrán Heras o Quim Costa, este en su etapa final.

Se trataba de un base “más pasador y penetrador que tirador”, según se autodefine. “Sobre todo tenía un buen conocimiento del juego”, añade. Sin embargo, hubo un momento fundamental que probablemente impidió que llegase más lejos. Su progresión natural se vio cortada en la 92-93, cuando sufrió tres operaciones, una de tobillo y dos de osteopatía de pubis, “que fue lo que realmente me fastidió”. A partir de entonces, reconoce, no volvió a ser el mismo. “Me volvió más previsible y empecé a arriesgar menos. Vi que ya no podía alcanzar el siguiente nivel”, explica.

Salió de Girona e intentó relanzar su carrera en Primera (Gran Canaria) y EBA (Albacete y Gandía), pero al final optó por dejarlo, consciente de que no volvería a ser el mismo que antes de pasar por el quirófano de forma tan continuada. Apenas tenía 25 años y debió dolerle profundamente, pero el baloncesto seguía dentro de él. Poco tiempo después regresó al Valvi como segundo entrenador de Trifón Poch, un puesto que mantendría durante cuatro años. Y después conocería otra vertiente interesante del mundo de la canasta con seis temporadas como director deportivo de la entidad, ahora ya desaparecida. Conoció incluso el inicio del proyecto-Akasvayu.

De hecho, dice que esa fase entre los banquillos y los despachos le ha marcado más que la que vivió en la pista. “No me costó tanto como suele decirse dejar de ser jugador”, apunta.

Tiene además una buena preparación académica. Mientras jugaba se fue sacando la carrera de Empresariales y además ha completado algún postgraduado. Desde 1997 regenta una inmobiliaria en la provincia gerundense junto a su pareja, aunque no pierde de vista el baloncesto y realiza alguna tarea de ‘scouting’ para alguna agencia de representación amiga. “Sigo mucho lo que pasa en todas las competiciones, por supuesto”, añade.

Una última curiosidad: los dos Jordi Puig llegaron a enfrentarse en alguna ocasión de forma fugaz, casi en el comienzo de la carrera de uno y el final de la del otro. “No nos conocemos personalmente, aunque sé que veranea por aquí cerca. Es curioso”, remarca el ex de Girona.