Teoman Alibegovic: Inesperado fiasco

Teoman Alibegovic: Inesperado fiasco
Con el Cáceres.

Javier Ortiz Pérez

Resultó asombroso que Teoman Alibegovic no triunfase en España, uno de esos misterios sin resolver sobre los que resulta inútil volver una y otra vez. El caso es que uno de los jugadores más prestigiosos de Europa durante los 90 no pasó de los 21 partidos en el Cáceres de la temporada 97-98, teniendo como colofón una sonrojante (para su currículum) salida por la puerta de atrás.

Nacido en Zenica (Bosnia), aunque de nacionalidad eslovena, fue uno de los ‘héroes’ de la selección junior yugoslava que batió a los norteamericanos en el Mundial de Bormio de 1987. El futuro era suyo, por descontado, y consiguió una beca en Oregon State. La aventura americana se acabó en la CBA. Su sitio estaba en Europa, primero en una Fortitudo a la que salvó del descenso fichado para el último partido liguero, en el que anotó 28 puntos. Después, en el Alba de Berlín, donde siguió siendo un ídolo. No le fue bien luego en Turquía, en el Ulker, pero acabó la 96-97 en Trieste promediando 22 puntos. Justo antes de llegar a la ACB.

Lo del ‘4’ abierto era por entonces un experimento táctico, pero él sacaba perfecto partido de sus cualidades en ese papel. Precisamente en unas semifinales de la Copa Korac con el Alba frente al Cáceres (temporada 94-95), Extremadura se enamoró de él. Y el club cacereño, entonces pujante económicamente, no paró hasta que no le fichó, en 1997, para liderar el equipo. Pero…

Pero salió rana. Algo pasó para que no se viese al jugador desequilibrante y el equipo acumulase derrota tras derrota. Manel Comas sustituyó a Manolo Flores y le puso en el punto de mira al poco de llegar, cuestionando su carácter. Además, se le solía reprochar que no se sabía los sistemas, que se despistaba fácilmente. Estaba claro que Alibegovic no terminaría la temporada. Se despidió con 13,8 puntos de promedio y un pobre 33% en triples.

Luego continuó siendo un jugador útil, sobre todo en el norte de Italia (Udine, Trieste), cerca de su Eslovenia natal. Acabó con 36 años en el Ionikos griego y empezó una carrera de entrenador que fue simplemente honrosa en Udine y en Scafati. Entre medias, sí realizó un buen trabajo en la Fortitudo como director deportivo, siendo el club subcampeón liguero.

Ahora parece alejado de las pistas. Es uno de los principales socios de Diversity Max LLC, una compañía que realiza distintas funciones de inversión y asesoramiento en campos tan diversos como la energía, la construcción y las nuevas tecnologías, supongo que en el contexto de sus licenciaturas en Negocios y Comunicación que consiguió en Oregón. En la empresa es el director de la zona europea. Es un hombre muy correcto y educado.

Por cierto, tiene un hijo, Mirza, de nacionalidad italiana, que ya ha debutado en la Lega, aunque de momento todavía está buscando su hueco. Es más bajo que el padre (1,95), aunque juega igual de alejado del aro.