Fernando Arcega: Sangre roja del Ebro

Fernando Arcega: Sangre roja del Ebro
Lanzando a canasta (Foto: Gigantes)

Javier Ortiz Pérez

No hay más que fotografías de Fernando Arcega con tres únicas camisetas: la del Club Natación Helios, la del Club Baloncesto Zaragoza (el CAI, fundamentalmente) y la de la selección española. Así pues, un caso claro de fidelidad a un color, el rojo. Un tipo de esos que hacen bueno la expresión ‘santo y seña’ para una afición. Además, fue un ‘jugadorazo’ de esos que rompió barreras, partícipe de la enorme generación que ganó la plata en Los Angeles-84. Le contemplan 362 partidos ACB (12,3 puntos de media) y algunos más en la Liga Nacional, en la que había debutado previamente. Además, las dos Copas del Rey del CAI Zaragoza.

“Nunca imaginé conseguir tantos y tantos retos conseguidos. Mi máxima aspiración cuando en mi etapa juvenil era poder llegar a jugar algún año en primera división. A medida que los pasos se iban cumpliendo los retos eran otros. Conseguir títulos con mi equipo el CAI y llegar a jugar con el equipo nacional fue extraordinario”, apunta Arcega, cerca ya de cumplir los 53 años. Le llamaban ‘el Abuelo’ por una anécdota que contó estando en la selección, aunque todavía hoy está lejos de la edad en la que es normal serlo.

Siempre se ha considerado que Andrés Jiménez fue el primer ‘3’ alto del baloncesto español, pero la realidad señala más a Fernando, de 2,04, como él mismo confirma, aunque con matices: “Mis primeros pasos con José Luis Ereña iban encaminados hacia una posición exterior, pero a mí me gustaba más jugar cerca del aro. Con Pepe Laso, unos cuantos años después, ya empecé a jugar algo más alejado. Creo que fui el primero o uno de los primeros, en adaptarme a una posición más externa. Andrés Jiménez también se incorporó a esta posición pero lo hizo un par de temporadas más tarde”. Y es que, cuando se le pregunta por cómo era jugador, sobre todo se califica como “honesto”. “Creo que siempre he dado lo que he podido. Me considero jugador de equipo y detesto las excesivas individualidades”, remarca.

Desde luego, sus momentos cumbre fueron la Copa del 83 y la plata del 84. Hay una extraña conexión entre ambos que personifica bien Arcega. “Desde luego que son dos fechas muy señaladas en el calendario de mi carrera deportiva. En un corto espacio de tiempo tuve la oportunidad de vivir, en primera persona, dos acontecimientos que cambiaron el baloncesto español. El CAI se postuló como equipo alternativa a la hegemonía Madrid-Barca y con la selección conseguimos el mayor triunfo hasta ese momento”, afirma.

Siendo 121 veces internacional (también consiguió la plata en el Europeo del 83 y el bronce del 91, único jugador junto a Epi en lograr los tres metales junto al olímpico) se supone que tuvo llamadas de los ‘grandes’. ¿Por qué no las aceptó? “Hubo varias ofertas con mayor cuantía económica que la que se podía conseguir en Zaragoza, pero el apego al equipo, la ciudad, los amigos y la familia, impidieron que pudiera dar el salto a cualquier otro proyecto. Nunca me he arrepentido de la trayectoria conseguida. Pienso, todavía, que en el deporte, aún siendo muy importante, debería haber algo más que el dinero”, asegura.

Después de retirarse en 1995 también ha tenido una vida interesante. Estuvo en política con el Partido Aragonés (PAR) y llegó a ser director general de Deportes de la comunidad (“fue una etapa preciosa donde conseguimos recuperar muchos proyectos deportivos de alto nivel y donde desarrollamos determinadas infraestructuras deportivas fundamentales”). En la actualidad es director de Marketing de Caja3 Grupo Ibercaja.

Es fácil imaginar la alegría que le ha supuesto la ‘resurrección’ del baloncesto en la capital del Ebro, en la que participó ‘entre bastidores’ a nivel institucional. “Lo viví con la misma ilusión que la mayoría de aficionados, que durante algunos años lo esperábamos. Los primeros años fueron deportivamente difíciles pero creo que el equipo se ha asentado en la ACB y poco a poco va consiguiendo los retos que la junta directiva se ha trazado”.