Jim Rowinski: ¡Vaya brazos!

Jim Rowinski: ¡Vaya brazos!
Luchando por el rebote ante el Joventut (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Aseguran que es quizás el jugador de físico más rotundo de los que han pasado por el Breogán. Y mira que en Lugo han visto mucho. Pero es que lo de los brazos de Jim Rowinski era algo que se estilaba poco en el basket español de principios de los 90. Más que un pívot era un jugador de fútbol americano (se decía que lo había practicado en la universidad) o más bien un culturista. Medía 2,03 de altura y más o menos lo mismo de anchura, aunque con músculo.

Como sustituto de Mike Giomi, solamente fueron cinco encuentros al final de la temporada 90-91, dos de ‘playoff’ por el título –eliminación sumaria ante el Joventut por 2-0-- y tres más de unas eliminatorias posteriores para decidir la posición final. Le dio para anotar bastante (19 puntos por partido) y rebotear menos de lo esperado (5,8). Fue su primera experiencia europea (luego anduvo en Bélgica y Turquía) de un jugador que llegó a catar ligeramente la NBA con pequeños contratos en Detroit, Philadelphia y Miami (23 partidos, 2,5 puntos y 1,5 rebotes). Posteriormente se quedó a las puertas y se convirtió en un habitual de la extinta USBL. Había sido cuarta ronda del ‘draft’ de 1984 tras pasar por Perdue.

“Solamente tengo recuerdos positivos de Lugo. No solamente jugar al baloncesto fue divertido, sino también el contacto con una gente estupenda y que siempre apoyaba. El resto de los jugadores del equipo también me ayudaron mucho y me hicieron sentir a gusto cuando llegué. Eran muy competitivos y, como yo, trabajaron duro para mejorar como grupo”, afirma.

Trabajo duro, sí. Vuelve a repetirlo cuando se le pregunta por cómo se veía a sí mismo como jugador. “Siempre he sido uno de esos que trabaja duro para mejorar mis habilidades. Quizás era el que más talento tenía, pero trabajé duro y nunca abandoné. Jugué con mucho corazón y determinación y eso me dio éxito y me convirtió en un ganador”, escribe.

Con ese corpachón es fácil imaginarle como guardia de seguridad en una prisión federal, pero no. Trabaja en una clínica de Florida coordinando el trabajo de la sección de Pediatría. “Es una buena vida, pero, como hacía en el baloncesto, me empleo fuerte para llevar mi ética de trabajo a lo que hago”.

Según se cuenta en la web de la empresa, Comphealth, en unas recientes Navidades lideró una campaña para recoger juguetes para niños desfavorecidos y consiguió más de 600.