José Antonio Montero: Cerebro organizativo

José Antonio Montero: Cerebro organizativo
Con el Joventut (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Siempre levantó cierta controversia la figura de José Antonio Montero. Sobrado de clase y con una esplendorosa planta para jugar de base (1,93), fue uno de los rostros más reconocibles en el basket nacional durante muchos años, pero a veces se le reprochó que era excesivamente frío. Disputó 14 temporadas consecutivas en ACB (464 partidos, 9 puntos en 25 minutos de promedio) y acumuló títulos (tres ligas, dos Copas, una Korac), escapándosele de sus mismas manos la Copa de Europa. Hablamos directamente con él.

Valoración de su carrera desde la distancia. “No pienso mucho en ello. Hace tiempo que estoy retirado y no es un tema que me ocupe mucho. Creo que fue una carrera satisfactoria, en la que cumplí todas las metas que me planteé. Disfruté mucho jugando en tres equipos como Joventut, Barcelona y Limoges que han sido de referencia. No tengo nada que reprocharme”.

El prototipo de base moderno en España. “Tuve que luchar mucho. No entendía mucho el debate sobre mí y sigo sin entenderlo. Los jugadores son jugadores por el talento que tienen que para desarrollarlo en las posiciones correspondientes. La altura marca, claro, pero un bajito puede jugar de alero, como hacía por ejemplo Nikos Gallis, y alguien de mi altura, de base. Tuve que convencer a mucha gente”.

Infancia movida. “Nací en Barcelona, pero por cuestiones familiares al poco tiempo nos trasladamos primero a Marbella y luego a Madrid, que fue donde me eduqué. Con 16 años volvimos a Barcelona. Ahora esto es más normal”.

Joventut (1981-1990) o Barcelona (1990-1997). “Son dos clubs totalmente diferentes, en filosofías totalmente distintas. Suelo decir que el Joventut me hice jugador de baloncesto y en el Barça me hice adulto y profesional”.

‘Drafteado’ por Atlanta en 1987 en la quinta ronda del ‘draft’ (número 113). “Me mandaron un sobre con los billetes de avión para ir al campus y los contratos, pero aquel era otro baloncesto. No había la globalización actual, no había agentes... Creo que los Hawks no estuvieron muy despiertos y adonde lo enviaron fue a la dirección de mi club, el Joventut, donde, dicho educadamente, los documentos tuvieron un periodo de latencia”.

La selección española (78 veces internacional). “Mi debut en un torneo fue en el Europeo de Grecia en el 87 y conseguimos un gran cuarto puesto. Y luego fue muy difícil entrar en los Juegos Olímpicos de Seúl y sin embargo lo logramos. Ya allí, tuvimos un partido poco afortunado en cuartos de final ante Australia. Después del Mundial del 90, donde hubo un mal resultado, no tuve ninguna convocatoria más, curiosamente después de fichar por el Barça”.

El famoso tapón ilegal de Vrankovic en la Euroliga de 1996. “Es un momento que marca, claro. Quizás el más amargo de mi carrera, pero también fue muy dura la derrota en la final de la ACB de 1984 con el Joventut. Ganamos el primer partido a domicilio y pudimos sentenciar en el segundo, pero no lo hicimos. De habernos llevado esa liga, la historia del club se hubiese escrito distinta en los siguientes años”.

Vida después del baloncesto. “Me hubiese gustado a entrenar a chicos jóvenes, pero he preferido vivir alejado de las pistas, de la obligación de tener que competir cada semana. Me gustan los proyectos de más largo recorrido. Cuando lo dejé, terminé mi carrera (Ciencias de la Actividad Física y el Deporte) e hice un ‘master’ en gestión y dirección de empresas entre España y Estados Unidos. En el 2001 entré en la Federación Española. Fui director del Eurobasket del 2007, estuve de jefe de gabinete del secretario de Estado para el Deporte, Albert Soler, he vuelto a la FEB para ser director de operaciones y organización de la Copa del Mundo. Es un reto bonito”.