David Sala: El base de la 'depre'

David Sala: El base de la 'depre'
En uno de los tres únicos partidos que disputó en su segunda etapa en el Baskonia (Gigantes del Basket).

Javier Ortiz Pérez

Más de uno me habéis pedido que hable sobre David Sala. ¿Por qué? Os lo preguntaréis aquellos a quien el nombre no os diga nada. El suyo fue un caso creo que único en el baloncesto profesional español. Lo sucedido con él en Vitoria en los últimos meses de 1995 marcó indudablemente su carrera, concluida prematuramente pese a lo pujante que fue en una época. Vamos a revivirlo, aunque sea un tema amargo y delicado.

Sala era un base muy rápido, con grandes cualidades sobre todo ofensivas. Salido de la cantera del Sant Gabriel, fue captado a los 17 años por el entonces denominado Taugrés, con el que debutó en la ACB en la temporada 89-90. Entre esa campaña y las dos siguientes totalizó 56 partidos, aunque poco protagonismo. Era la larga etapa en la que Pablo Laso era el dueño y señor de la batuta en el Baskonia. Lo mejor era buscarse la vida lejos para cualquier competencia.

Lo hizo, y muy bien. Llegó al León en 1992 y fue una de las claves para que el Elosúa fuese una de las sensaciones del campeonato. Bajo las órdenes de Gustavo Aranzana estuvo las tres siguientes campañas con tanto acierto que llegó a ser reclamado por la selección nacional de Lolo Sainz para partidos del Preeuropeo.

Era el momento de regresar a Vitoria, ya convertido en uno de los grandes bases de la competición y a una edad perfecta, 25 años. En la temporada 95-96, Manel Comas le eligió para sustituir a Laso, que se acababa de marchar al Real Madrid. El Taugrés pagó 15 millones de pesetas (90.000 euros de los de ahora) para recuperarle. Una apuesta en serio.

Sin embargo, fue un sueño que se convirtió en pesadilla. Al mes de competición, con solo tres partidos jugados, Sala se mostraba extremadamente triste, insatisfecho con sus actuaciones, agobiado por la presión, desconfiado de todo, incluyendo sus propios compañeros. En esas protagonizó un auténtico 'bombazo': tras un partido en Manresa, y con el apoyo de sus padres, se ausentó de la concentración del equipo, que debía jugar el día siguiente en Badalona. Acudió a un médico de la Seguridad Social, que le dio la baja por depresión a la vista de sus síntomas.

Todos hemos conocido a personas que han sufrido esa enfermedad. Incluso algunos de los que leéis esto la habréis padecido. La opinión general es que, hasta que no se vive, no se sabe lo que es. Sin embargo, Josean Querejeta, el presidente del Baskonia, no creyó el diagnóstico e impulsó la apertura de un expediente disciplinario con el objetivo de rescindir el contrato que unía a ambas partes por tres temporadas. "Su presión va directamente unida a su salario. Si ha caído ahora, ¿qué puede ocurrir cuando lleguen, por ejemplo, los playoffs?", decía Querejeta entonces.

Se abrió un desagradable tira y afloja entre el club y el agente del jugador, Arturo Ortega. Sala fue apartado del equipo y sancionado con 1,3 millones de pesetas (unos 7.000 euros) por el club y hasta se le retiraron los pases para poder entrar en el pabellón vitoriano mientras recurría ante la ABP. Tuvo que pasar por taquilla para poder ver a sus compañeros.

El 'caso Sala' provocó un profundo debate. Fueron unos meses complicados hasta que finalmente se llegó a un acuerdo entre las partes para romper el contrato. El Tau fichó a Jordi Millera en su lugar y ascendió al puesto de base titular a Ferrán López.

No jugó más aquella campaña y se dudó seriamente de que volviera a hacerlo en su vida. Pero sí regresó a las pistas la siguiente temporada, con pocos minutos y no mucho acierto en el Girona. Sin embargo, en Granada y a las órdenes de Pedro Martínez, en la 97-98, sí recuperó el rol de titular y dio destellos de que podía volver a ser el que era. En otro giro, su carrera volvió a truncarse en la complicada 98-99: el Granada descendió y él volvió a ser segundo base. Tenía 28 años y estaba tan cansado de baloncesto que se retiró.

¿Qué ha sido de él todos estos años? Su principal ocupación es la de regentar un Pans and Company en L'Hospitalet. Le envié un mensaje, pero no me ha respondido. Sin embargo, he encontrado una buena entrevista que le hicieron en una web sobre baloncesto en el Bajo Llobregat. Podéis leerla entera aquí, pero os extraigo algunas frases, las más interesantes y relacionadas con lo que os he contado:

"Es duro ser profesional porque viajas mucho, hay mucha presión, entrenas mañana y tarde, además estás un año en una ciudad, otro año en otra ciudad, te lo tomas como si fuera un trabajo. También lo que pasa es que la gente lo ve sólo como un deporte, pero lleva otras cosas en medio que no se ven desde fuera".

"Dentro de lo que es el equipo existen grupos de 2, 3, 4 jugadores que van por su lado, porque es que al final es un tema profesional y depende de cómo juegues te estás asegurando tu futuro. Desde fuera realmente no se ve lo que hay dentro, es decir que cada uno va lo suyo y si tiene que pisar al de al lado lo pisa como en cualquier empresa. Además al entrenar cada día hay muchos roces, discusiones, problemas, así que con unos te llevas bien y con otros no tanto. Los americanos van al margen, algunos se integran pero la mayoría no, vienen a los partidos, los entrenos, pero casi ni los conoces".

(Preguntado si hay un antes y un después en su carrera del 'caso Sala'). "Deportivamente me hizo mucho daño porque me truncó, pero no he querido mirar al pasado porque no sirve para nada, sólo para hacerte daño. En Granada creo que jugué a un nivel similar al de León. Fue un año malo pero también se aprende".

"¿Por qué dejé de jugar? Estaba un poco cansado. La última temporada estuve en Granada y el equipo descendió de categoría y realmente no me compensaba mucho tener que ir a la LEB, tenía un año más de contrato y no nos pusimos de acuerdo hasta empezada la Liga y como no tenía equipo para irme a dar vueltas por ahí por poco dinero y estando casado con una hija, decidimos volver a casa y empezar otro tipo de vida".