Eduardo Santos: Longevo ‘chicarrón’

Eduardo Santos: Longevo ‘chicarrón’
Con el Askatuak (Foto: Askatuak.com)

Javier Ortiz Pérez

Eduardo Santos fue un prototipo de ‘chicarrón’ vasco llevado a una pista de baloncesto. Midiendo 2,02 era tremendamente difícil moverle de la zona, aunque le faltaban las cualidades técnicas como para haber dispuesto de más protagonismo en ACB. Aun así, jugó en tres equipos distintos (Askatuak 88-89, Granollers 92-93 y Murcia 93-94), totalizando 68 encuentros en la máxima categoría con 1,6 puntos y 1 rebote en 8 minutos en pista. Como se puede imaginar, su trabajo estaba más centrado de lunes a viernes que el sábado. Fue mucho más importante en categorías inferiores, donde su físico podía imponerse mejor. Y ha mostrado una tremenda longevidad, aunque fuese a nivel regional.

Nacido en Eibar, comenta que los recuerdos que más le quedan como jugador, “más que las anécdotas deportivas”, sobre todo están relacionados con “la gente y los sitios que tuve la suerte de conocer”. “Si no llega a ser por el baloncesto hubiera sido imposible hacerlo”, sentencia.

“Una cosa que si que echo de menos es la vidilla de dentro del vestuario y el gusanillo de la competición. De hecho, cuando dejé de jugar en serio estuve unos años sin saber nada del baloncesto porque tenía ganas de hacer las cosas que nunca había podido hacer cuando jugaba: aprovechar fines de semanas, puentes… Pero enseguida volví a apuntarme a un equipo de categoría regional y hasta hace un par de años estuve jugando. Ahora lo he tenido que dejar por un problema con la cadera”, añade.

A Santos le “hace gracia” el cambio que ha dado el baloncesto respecto a su época. “Cada vez que hablo de baloncesto con algún amigo más joven parece que estoy contando las batallas del abuelo Cebolleta y es porque para muchos de ellos el baloncesto solo existe desde que hay estadísticas de ACB en internet (hacia 1995). Lo que no se dan cuenta es que el baloncesto ha cambiado una barbaridad en los últimos 15-20 años y piensan que siempre ha sido tan profesional como ahora”.

En su autodefinición en la pista, apunta que era “el típico jugador de equipo de corte defensivo. Técnicamente no era lo más maravilloso del mundo. Hasta los 17 años había jugado a fútbol y no sabía lo que era un balón de baloncesto. La primera vez que vi un partido fue en las Olimpiadas de Los Angeles-84. Suplía esta falta de técnica a base de poner intensidad en entrenamientos y partidos”.

Ahora está trabajando como electricista con un contrato de seis meses. “Desde que empezó la crisis, ando como la mayoría de los españoles sin un trabajo fijo y buscándome la vida, así que en los últimos años voy de trabajo en trabajo”, cuenta.