Ángel Farré: Un ‘bajito’ de Cornellá

Ángel Farré: Un ‘bajito’ de Cornellá
Granada, 88-89.

Javier Ortiz Pérez

Un tipo dicharachero este Ángel Farré, apasionado por charlar de todo lo que huela a baloncesto, el de antes y el de ahora. Buena parte de su carrera se desarrolló en Cataluña. Con 1,78 es fácil imaginar que fuese un base rápido, peleón y con buena mano para poner en problemas a rivales más dotados físicamente. Con el balón había que ser seguro y transmitirlo. Pero en defensa, reconoce, sufría. Quizás alguno recordéis un reportaje en Superbasket titulado “Los 9 ‘enanos’ del basket español” que incluía una caricatura. Él era uno de ellos y todavía lo guarda con mucha ilusión.

Farré es de Cornellá, esa localidad pegada a Barcelona de gran tradición baloncestística. Allí hizo sus primeras canastas hasta que, con 15 años, llamó la atención de un Granollers primero apellidado Areslux y después Cacaolat. Durante dos temporadas (84-85 y 85-86) se mantuvo a la sombra de ‘Chichi’ Creus, jugando pocos minutos pero, asegura, “aprendiendo mucho de él”. En la 86-87 se marchó cedido a Primera B a un Valencia Basket que acababa de nacer. No lo hizo mal y eso le permitió volver a Granollers en la siguiente campaña, aunque el tiempo en cancha era demasiado difícil de conseguir. Creus seguía ahí.

Finalmente, en la 88-89 consiguió enganchar un buen lugar en el Oximesa de Granada. “Acabé muy contento allí. Era un equipo curioso, con los hermanos Álvarez bromeando sobre lo que decían de que eran ellos los que mandaban en el club”. Ahí dispuso de un poco más de tiempo, pero no continuó (“vino un entrenador yugoslavo [Dusko Vujosevic] con otras ideas”), cerrando así su etapa ACB con apenas 9 minutos de promedio en 66 encuentros. Fue entonces cuando volvió a bajar un peldaño con sus dos campañas en Badajoz.

Era tiempo de regresar a casa, a Cornellá. Y el destino le reservaba una sorpresa maravillosa: el equipo, vinculado al Barcelona y dirigido por Manolo Flores, fue campeón de Primera B, aunque no consiguió el ascenso por no reunir los requisitos. Era la campaña 92-93. “Es el año que recuerdo con más cariño. Había un ambiente especial entre los jóvenes que nos mandó el Barça y los veteranos. Fue como un sueño para todos porque realmente no lo esperaba nadie, y al mismo tiempo una lástima no haber podido culminarlo”, apunta.

Se retiró un par de años después, cumplida la treintena. “Es que se me hacía todo muy cuesta arriba. Me sorprende ahora cuando veo lo duro que se juega y lo mucho que aguantan los jugadores. Tenía claro que lo dejaría antes de que me dejase de gustar, teniendo un buen sabor de boca, y así fue”, comenta.

Farré no se desvinculó del baloncesto. Siguió colaborando en distintos papeles con el club de su ciudad: entrenador de niños, directivo, encargado de relaciones con la prensa… Profesionalmente, continúa con el mismo trabajo que tenía ya en la parte final de su etapa como jugador: está en el departamento de Vivienda del Ayuntamiento de Cornellá.