Alex Escudero: Apóstol del ‘wellness’

Alex Escudero: Apóstol del ‘wellness’
Lanzando con el Murcia.

Javier Ortiz Pérez

Alex Escudero reconoce su fama de ‘rebelde’. Y asegura que eso le perjudicó en su carrera deportiva (“siempre es más fácil tener a un joven que hace lo que le dicen sin rechistar”), pero que le ha ayudado en la vida laboral, en la que se ha convertido en algo así como un ‘gurú’ del ‘wellness’: un profesional que asesora de forma integral en cuestiones como el ejercicio, la alimentación, el ‘coaching’… El bienestar del cuerpo relacionado con el de la mente. “Yo era súper competitivo y no me callaba y con ese tipo de carácter me fue mal, porque resulta algo incómodo, pero después me ha llevado al éxito. En la vida hay que tener claro lo que se quiere y posicionarse”.

Es la tarjeta de presentación de un jugador que solamente durante una parte de su historial pareció rendir al máximo de sus posibilidades. Caracterizado por un juego explosivo, no gozó de muchas oportunidades en su primera etapa en el Estudiantes (“tuve la suerte y la mala suerte de estar en el mejor equipo de su historia; ahora sería más fácil conseguir minutos allí”), pero después se convirtió en un jugador bastante desequilibrante en la LEB y completó una aceptable segunda etapa colegial y buenos números en Gijón y Murcia.

Escudero tiene su teoría sobre lo que le sucedió a él y a otros jóvenes que intentaron florecer en los años 90 y no lo consiguieron del todo. “Creo que los que nacieron en el 80, como Juan Carlos Navarro y compañía, rompieron el tabú que tuvimos nosotros, según el cual si eras junior y te tirabas dos seguidas, los veteranos te apuñalaban, por mucho que hubieses sido internacional en categorías inferiores o pudieses hacerlo a su nivel. Los de la generación del 80 tenían el descaro suficiente y los entrenadores confiaron en ellos por eso. Yo me he hartado de llevar botellas, bolsas y… nada. Además, cuando no me gustaba algo, lo decía”, apunta.

Totalizó 155 partidos ACB con 5,5 puntos en 16 minutos de promedio, siendo su año más brillante estadísticamente la 99-2000 en Murcia (98-99), cuando alcanzó la decena de puntos por choque. “Pese a todo, estoy contento. Pero hubo un momento con 30 años en el que se me abrieron dos opciones: seguir jugando aunque sabía que ya no iba a ser una estrella o bien empezar a reciclarme, a formarme para después del baloncesto. Fue lo que hice”, comenta. Así fue su particular reinvención: hizo multitud de cursos de nutrición, osteopatía, Pilates, marketing, ‘coaching’, se convirtió en entrenador personal. “Siempre me habían interesado estos temas e intenté formarme en ellos a tope”, comenta. Abrió su propia empresa dirigida a altos directivos (“es importante que no se abandonen porque es algo que puede repercutir incluso en sus vidas laborales”) y empezó incluso a aconsejar a grandes marcas como Danone.

“El cambio fue un proceso complicado. De todos modos, muchas cosas que aprendí en el deporte las aplico ahora, valores tan importantes como el sacrificio, la disciplina, el trabajo en equipo…”, explica desde Madrid, donde está radicado.