Larry Gibson: Accidente y abulia

Larry Gibson: Accidente y abulia
Playoff’ contra el Cajamadrid (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Larry Gibson disfrutó e hizo disfrutar en Huesca. 20 puntos y 9,4 rebotes en 34 minutos en pista con un estupendo 64% de efectividad en tiros de campo. Y, sobre todo, un estupendo ‘playoff’ de permanencia que permitió la continuidad del equipo aragonés en la Liga ACB en detrimento de un Cajamadrid que ya no regresaría.

Era tremendo entonces el ambiente en el pequeño pabellón oscense. De aquella eliminatoria hay unas imágenes en Youtube muy recomendables que explican bien la presión que existía. Y los planos son sorprendentemente cercanos, muy a pie de pista. Gibson es el número 13.

Aquello sucedió en la campaña 85-86 tras sustituir a poco de iniciarse a James Ray. Antes de la creación de la liga ya había militado en la máxima categoría con el Estudiantes. Excelente jugador, comentan: muy buena técnica y lanzamiento, pudiendo jugar indistintamente de ‘3’ y de ‘4’. Le fichó Arturo Ortega, entonces entrenador del Huesca y ahora uno de los ‘reyes’ del mundillo de los representantes.

La pareja que hizo Gibson con Wallace Bryant no llegó a los niveles de la Granger Hall-Brian Jackson, pero también resultó descomunal. Estrella en la universidad de Maryland, tercera ronda del ‘draft’ por Milwaukee en 1979, con experiencia en varios países europeos como Italia y Holanda, componente del ‘Lois Jeans’ (uno de esos equipos de americanos que iban de gira por Europa)… Pues bien… No lo está pasando bien el hombre, no.

En el 2011, el Baltimore Sun publicó un reportaje sobre su dificultosa vida. Según se cuenta, en la noche de Halloween de 2004 estrelló su vehículo contra un árbol. Paradójicamente, aquel día había pedido matrimonio a su actual esposa, Delores Hicks, que viajaba con él en el coche. Ella no sufrió daños, pero él sí. Y no se ha recuperado de ellos.

Gibson se fracturó cinco costillas y estuvo inconsciente durante varios días, ‘entubado’. Cuando despertó, la vida pasó a ser muy distinta. Tras despertar, únicamente movió los ojos durante tres semanas. Y poco a poco fue respondiendo a estímulos, generando una esperanza que no ha terminado de culminar.

¿Por qué? Aunque ya puede mover su cuerpo, desde entonces sufre abulia, un mal más relacionado con lo psicológico que significa que no tiene ganas de absolutamente nada. Falta de voluntad. El tratamiento con antidepresivos impide que se hunda más todavía. Su forma de hablar es lenta de forma crónica y no puede valerse por sí mismo.

El artículo señala que el amor de Delores y el recuerdo de la época en la que jugaba al baloncesto es lo que le está salvando la vida. Los médicos consideran “milagroso” su caso: comenta lo sucedido en 1979, cuando un tiro libre suyo dio la victoria a Maryland frente a Notre Dame (número 1 nacional), pero nada sobre el accidente. Quizás en lo más profundo de su mente todavía esté el ‘playoff’ ante Cajamadrid.