Milenko Savovic: ‘Partisano’ en Granada

Milenko Savovic: ‘Partisano’ en Granada
En acción con el Puleva Granada en 1989 (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Hubo una época en la que en Granada se hablaba yugoslavo. Como en 1988 el fichaje de Goran Grbovic salió bien (al menos en principio, luego el ‘divorcio’ fue tempestuoso), el Oximesa/Puleva se animó a fichar el año siguiente a otro jugador veterano de la zona, Milenko Savovic. Recuerdo una vez más que en aquel tiempo, todo lo que no fuesen extranjeros norteamericanos en la liga era una rareza, pero bueno, si se acertaba…

Dusan Vujosevic se acababa de hacer cargo del banquillo. Savovic llegó con la misma etiqueta que Grbovic (creo que eran cuñados, pero no me hagáis mucho caso): curtido en mil batallas, profesional, serio, con el carácter indomable de los criados en el seno del Partizán de Belgrado… Seis años antes, en 1983, había participado con Yugoslavia en el Eurobasket de Francia, aquel en el que en una pelea con Italia salieron tijeras a relucir. El fracaso balcánico fue brutal (sextos).

Pero, claro, tenía menos talento. Si Grbovic era un tirador impenitente, ‘Savo’ era un interior de buena planta (2,10) que estaba más bien orientado al trabajo defensivo. Y era demasiado lujo ocupar una plaza de foráneo con alguien que aportaba 13,1 puntos y 6,5 rebotes. Solamente duró 13 partidos, siendo sustituido por Dave Popson, del que ya hablamos aquí.

Tenía ya 30 años y solamente jugaría una temporada más, en el Vojvodina, regresando luego al club de su vida, el Partizán, como director general. Ese puesto era el que ocupaba en 1992, cuando el club consiguió la Copa de Europa gracias al famoso triple de Djordjevic ante el Joventut. Sin duda, aquello fue como sacarse una particular espina para él, ya que había disputado en 1988 la primera ‘Final Four’ en Gante con el propio Partizán, siendo eliminado en semifinales. Fue un hombre clave en que en la 91-92 el equipo jugase en Fuenlabrada como local, ya que no podía hacerlo en Belgrado por la Guerra de los Balcanes.

“Fue una victoria colectiva. Éramos un grupo hermético de gente que nunca sabíamos en qué parte de Europa despertaba, pero estábamos convencidos de jugar un gran baloncesto. Antes del partido contra el Joventut les dije en el vestuario a los jugadores que era importante dar nuestro mejor esfuerzo. Todo eso llevó a un tiro que hizo inmortal a Djordjevic. Luego Zeljko Obradovic me dijo: “¿Es esto posible?” y le respondí: “Hemos ganado”. En el restaurante donde celebramos el título él y yo estuvimos en silencio durante media hora hasta que nos dimos cuenta de lo que había sucedido”, cuenta en un artículo en el que habla sobre su carrera. Se desvela ahí que su gran vocación de niño era el piano, pero que cuando conoció el baloncesto ya nada más pudo interesarle. Actualmente trabaja en el marketing deportivo y continúa colaborando con el Partizán. Tiene una hija, Sara, que es una nadadora de éxito.