Braulio Arias: Hasta que el cuerpo aguante

Braulio Arias: Hasta que el cuerpo aguante
Un chaval (temporada 93-94).

Javier Ortiz Pérez

Ya os lo he dicho más de una vez: me encantan las historias 'pequeñas' como la de Braulio Arias, un chico que debutó en la ACB en la temporada 90-91 con el equipo de su tierra, el Murcia, y que, agarraos, con 40 años (los cumplirá en octubre) sigue jugando. Por supuesto, no lo hace de modo profesional, ni en una categoría de mucho glamour, pero ahí está, disfrutando del baloncesto todavía.

Arias, base de 1,82, totalizó 18 partidos ACB en tres temporadas distintas (la reseñada 90-91, la 91-92 y la 93-94), siempre en Murcia. Los motivos por los que no triunfó pueden ser muy diversos y quizás no vienen al caso: ¿falta de oportunidades? ¿de confianza en sí mismo? Es demasiado duro decir que sea falta de calidad: cualquiera que llega a esos niveles, aunque sea para entrenar con los 'mayores', es el mejor jugador de su equipo de cadetes o juniors, el jugón de su colegio.

Como tantos otros, ejerció de Marco Polo durante un montón de años de su vida. Seguramente, no por mucho dinero, pero persiguiendo el sueño. Apuntad: San Isidro de la Ororava, Juventud Alcalá, Espolón Burgos, Plasencia, Doncel La Serena, Caba Albacete, Blue Demonds Cork (Irlanda), Molina de Segura, Club Nuevo Basket Torrevieja, Nördlingen (Alemania), Guardamar y, en los últimos años, Tobarra, en la Primera Nacional de Castilla La Mancha. Allí sigue y quiere continuar.

Ahora mismo es subdirector en una oficina de Cajamurcia. Cuando volvió de jugar de Alemania consiguió el puesto en Torrevieja, donde vive. Hace 150 kilómetros para ir hasta Tobarra, en Albacete. Tengo a un amigo, Juan Montero, que juega en la misma categoría y dice que, por muchos 39 años que tenga, sigue dominando la competición con unas cualidades maravillosas. Sus promedios rondan los 20 puntos por partido. Por cierto que en la misma división está Dani Fernández, otro ex-ACB que hace tres cuartos de lo mismo.

"Es difícil dejar el baloncesto después de tantos años y de tantos equipos por los que he pasado, pero da gusto mirar para atrás y ver el granito de arena que he dejado", me cuenta. Su otra pasión es su hijo Luca, de dos años, y su mujer, una placentina que conoció cuando jugó allí.