Pepe Arcega: Sabiduría maña

Pepe Arcega: Sabiduría maña
Defendiendo a Jordi Millera (Efe).

Javier Ortiz Pérez

De los muchos jugadores que he tratado en 20 años escribiendo de baloncesto, Pepe Arcega se sitúa en mi 'top 5' de tipos interesantes que me producen admiración. No tanto en lo deportivo --que también--, sino en lo personal. Y mira que no somos amigos y que hace unos años que no hablamos, pero ahora os lo explico.

Pepe vino a Cáceres en 1997, ya un poco en plan crepuscular. Tenía 33 años y todo un recorrido por detrás. Era un jugador hecho, hechísimo, que había visto de todo. Sin embargo, en el tiempo que estuvo entre nosotros (cuatro temporadas, las últimas de su carrera) fue una delicia tratarle y verle jugar. Era un tipo de un sentido del humor muy especial, con una retranca muy fuerte, que se las sabía todas. Era casi fantástico cómo te la jugaba, cómo te contaba algo con un objetivo, cómo acababas tú contándole lo que le interesaba. Un ejemplo perfecto de tipo con mil tiros pegados al que ninguna situación podía sorprenderle ya.

Supongo que el Arcega que conocí no era el mismo chiquito que debutó con el equipo de su ciudad, Zaragoza, en la temporada anterior a que se estableciese la ACB, la 82-83. Miembro de una tremenda estirpe de jugadores (es menor que Fernando, su hermano también internacional, y mayor que Joaquín, que más bien jugó en Primera B y en Portugal), fue un base muy completo que entró y salió de la selección durante los 80 y principios de los 90 (64 veces internacional, incluyendo Barcelona-92).

Leía bien el juego, era generoso en el pase y con el tiempo fue mejorando el lanzamiento exterior. Un cerebro privilegiado para el basket, creo yo. La experiencia que fue adquiriendo le hizo cada vez más sabio, convirtiéndose un poco en un entrenador en la sombra poco a poco. Gran manejador de vestuarios, gran nocturno --le recuerdo, aunque borrosamente, pinchando en un garito de aquí llamado Farmacia de Guardia-- y gran gourmet y experto en vino. Otra de sus obsesiones eran los trenes. Alguna vez me dijo que, si no hubiese sido jugador, hubiese sido maquinista.

Me da que siempre le quedó la tristeza del naufragio económico del CAI, su único equipo hasta entonces, en 1995. Parece que le dejaron a deber bastante pasta. pero más duele ver que el club en el que has empleado todas tus fuerzas desde crío se va a pique. Puede presumir de haber estado en la foto de las dos Copas del Rey, la de 1984 y la de 1990.

Luego tuvo que reinventarse lejos de casa, primero en Vitoria (donde no cuajó) y luego en Cáceres, ya os digo, donde la gente le quiso mucho.

Lo único que no me cuadra del puzzle es que, tras ser uno de los impulsores del nuevo proyecto de basket en Zaragoza, fracasase rotundamente como director deportivo. Sí, fichó a gente como Ciorciari o Lezcano, pero no supo construir un equipo que cumpliese el único objetivo que tenía, que era subir. Aquí nos reímos bastante cuando tuvo que fichar a Alfred Julbe para el banquillo: el entrenador que recomendó en el 2001 no renovarle (cuando él estaba dispuesto a hacerlo) y precipitó su retirada. Ironías de la vida, Pepe.

Desde que salió de ese puesto, se mantiene en un discreto segundo plano en Zaragoza, cuidando de sus negocios. Le imagino bastante preocupado, ya que alguno de ellos estaba relacionado con la construcción. Otros, con los vinos.