Juan Luis Baydal: De los 57 segundos a Hungría

Juan Luis Baydal: De los 57 segundos a Hungría
En Alemania.

Javier Ortiz Pérez

Más que las de los más conocidos, me encantan las pequeñas historias de los jugadores que sido secundarios o han jugado poco en la ACB. Quizás no tengan muchas visitas, pero suenan más a nuevo. Hoy os traigo a Juan Luis Baydal, un chico de Alicante que puede presumir de haber jugado en ACB. Un partido, 57 segundos, pero sí. ¿Cuántos de vosotros puede decir lo mismo?

Sucedió el 10 de enero de 1993. El Ferrys Lliria ganaba con facilidad al Cáceres y Andreu Casadevall decidió dar la alternativa a un chico alicantino muy joven que se caracterizaba por, cuentan, tener muelles en los pies, un 2-3 de 1,94. Fueron 57 segundos, ya digo.

Ya sabéis, Facebook es un gran amigo de este blog. "Pues me acuerdo perfectamente y eso que tenía 17 añitos... Por supuesto no me esperaba jugar, pero el partido fue muy bien y a falta de un minuto salí. Me llegó un balón pero no fui capaz de jugármela, estaba muy nervioso...", me escribe, añadiendo una curiosa anécdota: "la ACB le puso una multa al club porque todos los jugadores iban con zapatillas blancas y yo usaba entonces negras, pero como nadie pensaba que íbamos a ganar de tanto..."

El Lliria perdió la categoría aquel año (curiosamente, en un playoff ante el Cáceres) y el proyecto del club se desmoronó inevitablemente, a la espera de que saliese el juicio por el que el club intentaba volver a la ACB porque pensaba que le correspondía. Eso no prosperó. Baydal estuvo un par de años más bajo su disciplina, entre Segunda y EBA. Después voló a Zamora, también en EBA (95-96 y 96-97), y regresó a Alicante, ya en LEB (97-98 y 98-99). Al mismo tiempo, iba estudiando Empresariales.

La sentencia Bosman le permitió vivir nuevas experiencias. Jugó tres años en la Segunda división alemana, sobre todo en el TSV Nordlingen. En el 2003 regresó a España, jugando entre Primera y EBA con el equipo de Torrevieja.

Por esas vueltas que da la vida (también fue director de una oficina de Deutsche Bank en Torrevieja) ahora vive en Budapest y tiene una empresa de asesoramiento de inversiones inmobiliarias. Pero aquella época de compartir vestuario con gente como Jordi Soler, Dan Bingenheimer u otro jovencito llamado Nacho Rodilla sigue ahí. "Fue una época muy bonita que me ha enseñado mucho en la vida", finaliza.