Joe Kopicki: No olvida Bilbao (ni viceversa)

Joe Kopicki: No olvida Bilbao (ni viceversa)
Anotando en La Casilla (Foto: Basket16).

Javier Ortiz Pérez

Joe Kopicki y (Caja)Bilbao. Dos conceptos irremediablemente unidos, ¿no? Con Darrell Lockhart (del que ya hablamos aquí) formó uno de los ‘matrimonios’ de americanos más sólidos del baloncesto español de los 80, dando primero a la capital vizcaína su primer ascenso a la máxima categoría, en 1986, y después dos temporadas bastante majas en la élite. La Casilla ardía.

Kopicki era blanco, no muy alto para jugar por dentro (2,03) y sin mucha musculatura, pero fuerte, de una gran lectura del juego y con muy buena mano desde media-larga distancia. El típico tipo duro de Michigan. Fue tercera ronda del ‘draft’ de 1982, aunque hasta un año después no consiguió debutar en la NBA con los Bullets. Después también pasó por Denver sin salir mucho del banquillo. Todo hasta que se dio cuenta de que sacaría mejor partido de sus cualidades en Europa.

A Bilbao llegó un poco de rebote, tras ser cortado en la Benetton y sustituyendo a Leonard Allen. El resto es historia: el ascenso y unos numerazos en las dos temporadas ACB por encima de los 24 puntos y 9 rebotes. Era como un reloj. Jugando bien o jugando mal, siempre estaba ahí.

El recuerdo que dejó fue estupendo, hasta el punto de que, tras otro paréntesis italiano, regresaría en 1991 para intentar repetir la hazaña y subir con el Cajabilbao. Pero aquella vez no salió nada bien. La temporada siguiente, la primera de los tres extranjeros en ACB, ocupó un papel secundario en el Joventut.

El recuerdo dejado en el ‘Botxo’ fue estupendo. Y esa sensación es mutua. Le he encontrado en su Michigan natal. Por lo que se ve, parece que tiene recuerdos muy vivos. “Es que pienso en ello a menudo. Me permitió conocer a mucha gente fuera y dentro de la cancha y me gustaría volver algún día”, cuenta.

“El tiempo que pasé en Bilbao fue estupendo. Lo que más recuerdo es la gente. Era un gran momento para el baloncesto allí. El equipo era bueno y estaba liderado por el presidente Jon Arrinda (el padre de Gorka) y entrenado por José Figueroa. Los jugadores españoles eran buenos (Davalillo, Llorente, Llano, Lafuente, etcétera) y tuvimos éxito. Le ganamos al Real Madrid tres veces. The Casilla (sic) estaba siempre llena y había mucho ruido. Podías andar por la calle y la gente era muy amigable y quería hablar de baloncesto. La verdad es que disfruté mucho allí por todas estas cosas”, escribe.

Una de las tres veces que menciona que le ganaron al Madrid fue en una de las mayores sorpresas de la historia de la Copa del Rey. En la temporada 86-87 los blancos cayeron en cuartos de final ante unos Kopicki (23 puntos y 8 rebotes) y Lockhart (32 y 5) imparables. Para un relato más minucioso de este momento y otros similares os dejo un artículo que publiqué hace unos años en acb.com.

También considera “bueno” su ultimo año en Badalona. “Aquel era un equipo campeón. No tenía las mismas responsabilidades anotadoras ni reboteadoras de Bilbao, así es que lo que me limité fue a ayudar. Creo que lo conseguí. Fue una experiencia bonita”, analiza.

Según asegura, se describiría a sí mismo como “un jugador completo que intentaba jugar con inteligencia. Era un excelente tirador que podía anotar desde cualquier lado de la pista y también era buen reboteador, pero lo más importante es que intentaba ser buen compañero pensando en que ganar era lo primero”.

Actualmente, entrena y trabaja en un colegio, el Fitzgerald High School, situado en su ciudad natal, Warren, donde también recibió clases y jugó siendo joven. “Llevo casado 27 años con mi mujer, Jennifer, y tenemos tres hijos que ya son mayores, Jessica (25), Jay (23) y Matthew (21)”, comenta.