Mike Schultz: Maldita leucemia

Mike Schultz: Maldita leucemia
En el Joventut (Foto: Nuevo Basket).

Javier Ortiz Pérez

La leucemia se llevó a Mike Schultz hace ya mucho tiempo, el 21 de junio de 1990. Tenía solamente 34 años y dejó mucha desolación en los clubs por los que pasó. Tenía fama de buena persona, honrado y trabajador. Esto último se expresaba en la pista: no estaba muy dotado técnicamente en ataque, pero sí era un fiero reboteador que ponía en muchos problemas al jugador al que defendía.

No era excesivamente alto (2,05), pero sí bastante fibroso, con mucha actividad. Llamaba la atención por jugar con unas grandes muñequeras que le ocupaban casi todo el antebrazo. O bien eran vendas. No se distinguía del todo bien.

Sobre todo se le recuerda por sus dos etapas en el Joventut, la primera más brillante, por descontando. En la temporada 84-85, los verdinegros dieron la sorpresa en las semifinales ligueras eliminando al Barcelona y metiéndose así en la final ante el Real Madrid. Era un auténtico luchador bajo los tableros. Aquella campaña promedió 10,2 rebotes, además de 15,5 puntos, la mayor parte de ellos en la zona.

Tras aquello, fue el fichaje estrella del Caja de Ronda en 1986 para intentar el ascenso, pero no lo consiguió, y regresó a Badalona, donde se buscaba un sustituto temporal para Winfred King. Sin embargo, se quedaría hasta el final de la temporada y su rendimiento volvió a tener el mismo tono luchador y cumplidor que siempre le caracterizó. Se quedó de nuevo a las puertas del título liguero, esta vez ante el Barcelona con aquella canasta de Kenny Simpson en el cuarto partido.

Volvió a descender un peldaño y se convirtió en un jugador importante en Primera B (Obradoiro y Murcia). Pero en 1989 ya tenía el maldito ‘veneno’ en el cuerpo y solo pudo actuar tres encuentros en Badajoz.

Joventut y Murcia se movilizaron para poder financiar su trasplante de médula en Seattle, en un centro especializado donde podría intentar salvarse. Jugaron un encuentro amistoso que fue televisado y en el que Audie Norris reforzó a los murcianos. Él no pudo asistir: estaba ingresado en Barcelona. Ya era demasiado tarde y se marchó antes de cumplir los 35.

Miguel Ángel Fornies y José Luis García Surrallés, dos grandes fotógrafos de baloncesto, hablan especialmente de él en una entrevista publicada en el 2013. Lo copio y pego porque merece la pena:

Surrallés: “Era un pívot que jugaba con una cinta en la cabeza y una muñequera, pero valiente como un toro y los huevos como un toro. Cuando se fue a jugar al Murcia enfermó de leucemia, y lo ingresaron en Sant Pau. Fuimos a verlo y el pobre ya estaba en las últimas, pero él todavía creía que se iba a curar. Fue cuando el Barcelona fichó a Audie Norris, y Mike Schultz nos decía que cuando se pusiera bien iba a fichar otra vez por la Penya y se imaginaba un duelo entre él y Norris, y hablaba de cómo iban a luchar entre ellos, y salimos Miqui y yo llorando de la habitación. (…)

Otra anécdota de este jugador fue con el jugador del Barcelona Otis Howard, que era un enorme jugador. Estuvieron todo el partido dándose entre los dos codazos, golpes, entre los dos. Fue un partido muy duro, y al acabar el partido se llevaban a los jugadores por la puerta falsa. Pero Mike Schultz dijo que no, que él no era un delincuente, y que él salía por la puerta como todos. Dijo que él por puerta, y que allí se quedaba esperando a su amigo, y que salía por la puerta. Vino el amigo, y para sorpresa de todos el amigo era Otis Howard. Los espectadores le esperaban en la puerta de salida, pero salieron los dos juntos, y aunque la gente abroncaba nadie se atrevió a acercarse a los dos. Se apartaban a su paso”.

Forniés: “Fuimos a su entierro. Vino su madre de Estados Unidos, y lo incineraron en Collserola. Yo hice las fotos del entierro, porque me lo pidió la revista, pero no me gustaron y creo que no llegó a publicarse ninguna. Se publicaron de él como jugador. Estuvo aquí en dos épocas, y era un luchador muy bravo”.

Surrallés: “Le gustaba mucho la cerveza, y tenía muchas denuncias de la Guardia Urbana por infracciones de tráfico. Llevaba esas cajas de botellines de cerveza que antes eran de madera. El primer día que llegó dijo que quería muchas fotos, que le hiciera fotos, y le encantaba que le hicieran fotos, y te pedía incluso copias para enviárselas a su madre. Fue un jugador cojonudo e irrepetible”.