‘Tisi’ Reynés: Un ‘rookie’ de 34 años

‘Tisi’ Reynés: Un ‘rookie’ de 34 años
Menorca.

Javier Ortiz Pérez

Llamó mucho la atención en su momento la historia de Patricio ‘Tisi’ Reynés. No todos los días debuta en la máxima categoría un jugador nacional de 34 años. Ocurrió en la campaña 2003-04 en el Gran Canaria, aunque la mayor parte de su vida ha estado vinculada a otra isla, la de Menorca. En realidad, solo tuvo tres partidos en su carrera y ninguno de ellos en la península. Eso es amor por la insularidad.

Reynés (le llaman ‘Tisi’ desde niño, quizás por una derivación de ‘Patrisi’) era un base muy listo que podía dedicarse o bien a anotar o bien a repartir juego. En Menorca le adoraban y de hecho estuvo acompañando al espectacular y paulatino crecimiento del basket en la isla: primero en Segunda División, luego como un modesto en la LEB y por último como un aspirante al ascenso.

Lo más curioso es que el baloncesto lo compatibilizaba con otros trabajos, sobre todo en el aeropuerto menorquín. “A veces cuando venían equipos a jugar se extrañaban mucho al verme en el mostrador dándoles las tarjetas de embarque”, cuenta. “Los circunstancias eran así. Tenías que buscarte la vida, sobre todo en los meses de verano, pero de todos modos seguía sintiéndome más jugador que otra cosa”, añade.

Por supuesto, las ofertas llegaban a un jugador que destacaba en LEB, pero que no acaba de decidirse. “Me costó salir de la isla”, reconoce. “Recuerdo que hubo un año que pude ir al Pamesa Valencia con Luis Casimiro, pero no sé qué pasó al final y no fui”, apunta.

En la 2001-02 jugó por primera vez fuera de su hábitat natural, en el Tenerife, también de la LEB, de la mano de Pedro Martínez, que ya le había dirigido en Menorca. En su segunda temporada, la 2002-03, logró el ascenso y la Copa Príncipe de Asturias mostrando un juego cada vez más maduro e influyente. Sin embargo, su estreno en la ACB fue el curso siguiente en Las Palmas de Gran Canaria. Con 34, ya está dicho.

Tras aquella campaña en el Gran Canaria, regresó a Menorca para protagonizar otro ascenso, se supone que ‘lo más grande’ para alguien nacido allí, en Mahón. Y disfrutó con una segunda campaña en ACB a los 36 años nada menos, firmando unos números muy similares a los que había tenido en el Gran Canaria: 6 puntos y 18 minutos.

Cuando se retiró, tuvo otros papeles en el club (segundo entrenador, director deportivo) hasta su desaparición, lo que sin duda fue un ‘palo’ para un proyecto que tenía un gran seguimiento social. También fue entrenador jefe en el Ciutadella, de EBA.

¿Cómo se veía él? “Rápido, con buenas manos… El base tiene que ser algo más. Necesitas el control del partido, saber dónde están tus compañeros en cada momento, hacer la lectura que convenga”, responde. “Siempre viví un poco de la velocidad. Y mi tiro no era el mejor, pero fue mejorando con trabajo”, añade.

Ahora su medio de vida no pasa por el aeropuerto ni por las canastas. Ha montado un estudio de Pilates y da clases individuales. Al igual que Antón Soler y Francesc Sabaté, y cerca de los 45 años, ‘mata el gusanillo’ del baloncesto en el La Salle Mahón de Primera balear. Ya se sabe que el que tuvo, retuvo. Solo hay que tener paciencia para que alguien confíe en ti.