Johnny Moore: El ‘00’ de la ‘fiebre del desierto’

Johnny Moore: El ‘00’ de la ‘fiebre del desierto’
Cinco partidos en Girona 92-93 (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Hay un dato que puede pasar inadvertido: de todos los números retirados en las franquicias de la NBA, solamente cuatro son de jugadores que hayan estado en equipos españoles. Dos de ellos cuentan con la circunstancia especial de que han fallecido (Drazen Petrovic y su ‘3’ en los Nets y Bobby Phills y el ‘13’ de los New Orleans Pelicans), mientras que los otros dos son del mismo club, San Antonio Spurs: George Gervin (esto no es ninguna sorpresa) y, atención, Johnny Moore. De él vamos a hablar hoy. Y su historia, aunque ya se ha glosado en alguna ocasión, es fuerte.

Moore tiene colgado su ‘00’ en lo alto del AT&T Center, premio a una serie de actuaciones que, a principios de los 80, le convirtieron en uno de los mejores bases de la liga. Nadie creía mucho en él cuando fue escogido en el número 43 del ‘draft’ de 1979. Hasta un año después no debutó con los Spurs, pero rápidamente se hizo con el puesto de titular y, como conductor de un juego espectacular, en la temporada 81-82 se proclamó máximo asistente de la liga por delante de gente como un tal ‘Magic’ Johnson. Muchos de esos pases de canasta los recibiría curiosamente otro futuro ACB, Gervin.

Todo iba bastante bien. Nuestro hombre era parte fundamental de unos Spurs que crecían poco a poco, aunque todavía no eran un ‘grande’ de la NBA, y en algún partido llegó a rozar el ‘cuádruple doble’. Pero en la temporada 85-86, una extraña infección a la que llaman ‘fiebre del desierto’ se metió dentro de él. El hongo Coccidioides immitis se la produjo. Y ya nada volvió a ser igual. Dolores por todo el cuerpo, visión borrosa, vómitos… Un malestar brutal que primero amenazó su carrera y después su vida.

Estuvo dos años de tratamiento hasta poder volver a jugar y obviamente su brillantez se había esfumado. Los Spurs le cortaron a finales del 87 y en los Nets solo tuvo un puñado de minutos. Tenía que volver a empezar de cero y lo hizo en la liga mexicana y en la CBA. En San Antonio volvieron a acogerle en 1989 en un papel secundario. Y se pasó otros dos años sin jugar.

En la temporada 92-93, el Valvi Girona intentó recuperarle, pero solamente disputó los primeros cinco partidos de la campaña (10 puntos y 5,2 asistencias en 28 minutos antes de ser sustituido por Dusko Ivanovic).

Nada parecía ir mal. “Estamos muy contentos con su aportación al equipo. Es un hombre seguro, con mucha experiencia y es a su alrededor donde se aglutina el talento del resto del equipo. Además, no es ni por asomo un jugador egoísta. Juega para el equipo antes que para sus números”, decía su entrenador, Alfred Julbe, en ‘Gigantes del Basket’ apenas una semana antes de su ‘corte’. Fue entonces cuando se habló de “problemas de adaptación”.

No volvería a jugar profesionalmente y regresó a Texas, donde ha colaborado con los Spurs en diversas causas sociales, además de entrenar a equipos de ligas menores como los Fresno Heatwave (ABA) y actualmente a los Corpus Christie Clutch (ABL). También ha sido asistente en los Austin Toros de la D-League. Parece que la desgracia no termina de alejarse de su entorno: hace un año y medio fue noticia porque un sobrino suyó le robó para venderlos varios anillos conmemorativos de su época universitaria.

Si queréis más información sobre su caso, Slam le dedicó un estupendo artículo y G Vázquez una de sus escalofriantes piezas en el blog El Punto G (también está en la recopilación 101 historias NBA).