Javier García Coll: El servicial 'Rata'

Javier García Coll: El servicial 'Rata'
En la afortunada etapa final de su carrera con el Real Madrid.

Javier Ortiz Pérez

No sé si habéis caído, pero si hay un exjugador de ACB que salga mucho en la tele (bueno, tú también, Fernando Romay) es Javier García Coll. No sabría explicar bien en qué consiste ser 'director de coordinación' del Real Madrid, pero muy a menudo se le puede ver en segunda fila en grandes actos, como presentaciones de futbolistas, y a menudo acompañándolos en sus llegadas a aeropuertos y demás. Parece que es un tipo bastante apreciado en la 'casa blanca' por su eficacia y nulas ganas de hacerse notar. El típico hombre de club.

Lo mismo le ocurría como jugador en activo. Eso le dio muy buenos réditos, a pesar de que tampoco era una estrella, desde luego. Su apodo 'estudiantil' de 'El Rata' expresa bien el tipo de baloncestista que era: listo, aplicado en defensa, rápido, escurridizo... Un buen complemento que se pasó la tira de años (siete) en el equipo del Ramiro, casi siempre como reserva de Carlos Montes, el escolta titular. La 'Demencia' le quería mucho. Luego ya no tanto.

Lo tremendo es que, en octubre de 1993, cuando estaba sin equipo y su carrera parecía destinada a la retirada o a apurar unos últimos contratos de poca enjundia, fue incorporado por el Madrid para ayudar en los entrenamientos y poco más. Pero aquella temporada ya ganó la liga, compartiendo el papel de 'stopper' defensivo con Isma Santos, y en la siguiente seguiría aferrado ahí incluso como titular en el último título de Euroliga sumado por los blancos. Quizás Eddie Johnson, del Olympiakos, le recuerde.

¿Inexplicable? No tanto. Aquel equipo vivía del arrasador dúo interior Sabonis-Arlauckas. Aparte del triplista de turno para abrir defensas (primero Kurtinaitis y luego Mark Simpson), la labor del resto era trabajar como locos. En ese perfil encajaba perfectamente García Coll, de quien se dice que preparaba obsesivamente los partidos, estudiando hasta el más mínimo detalle de los jugadores a los que iba a marcar: cuántas veces botaban el balón, cómo hacía los reversos, si miraban cuando sacaban de banda...

Tras levantar la Copa de Europa en Zaragoza continuó en el equipo, pero las lesiones empezaron a atormentarle demasiado y se retiró. El Madrid no quiso perderle y le dio distintos papeles durante los siguientes años: segundo entrenador, delegado, director de marketing... hasta ahora, que parece una especie de 'superdelegado' del club.

Su carrera es un pequeño compendio del basket madrileño, porque aparte de en Estudiantes y Madrid también pasó por Collado Villalba --incluyendo la temporada del Atlético de Gil--, Cajamadrid y Las Rozas. Nunca se movió de la capital para jugar. En total, 299 partidos ACB y 6,5 puntos en 20 minutos de promedio.

Aunque con mucha amabilidad, declinó compartir sus recuerdos en esta página. "Mi tiempo de entrevistas ya terminó", me comenta.